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05/11/2009

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En su mejor momento


RODRIGO VARONA
18/01/2009

Respaldado por dos estrellas Michelin, Xavier Pellicer elabora en ÀBAC una cocina por encima de las etiquetas y más allá del diseño


Según toma asiento en el impecable lounge bar del Àbac, Xavier Pellicer se disculpa por no acompañarnos con el delicioso ron de Antigua que estamos degustando. ¿La razón? “Estoy a régimen. Soy de buen comer, pero un día me subí a la báscula y dije: ‘Hasta aquí hemos llegado, nen”, nos confiesa con el buen humor del que hará gala durante toda la sobremesa. Y si raro es que un chef de este nivel hable sobre su dieta, casi igual lo es que muestre con orgullo sus “heridas de guerra”, las quemaduras aún recientes que prueban su presencia algo más que testimonial en la cocina. “Es que yo disfruto mucho con los fogones. ¡Si a los 13 años mi madre me echaba la bronca porque en lugar de los deberes me había puesto a hornear magdalenas!”, recuerda.


Xavier, tranquilo en la cumbre


En las casi tres décadas que han pasado desde entonces, Xavier se ha forjado un gran prestigio tras siete años como jefe de cocina del triestrellado Can Fabes de Santi Santamaría –“aprendí mucho de él, pero yo no soy Santi”, afirma tajante–, para pasar a instalarse en solitario en 2000 en Barcelona con la primigenia versión de Àbac, que le granjeó su primera estrella nada más abrirlo. Tras siete años de consolidación, en 2007 dio un gran salto con su traslado a la Avenida del Tibidabo, donde se levanta ahora un espectacular restaurante-hotel-lounge (“una apuesta arriesgada, de bastantes millones de euros”, nos confiesa) que supone la culminación de un sueño y que tuvo la mejor inauguración posible con la concesión de la segunda estrella de la famosa Guía Roja, aunque como recuerda aún con algo de fastidio, “no nos pusieron nada fácil conseguirla”.


Remanso de voloptuosidad


¿Y qué ha cambiado hoy en Àbac? Para empezar, su premiado servicio de sala ha dado un paso adelante, mostrándose más relajado sin perder por ello ni un ápice de profesionalidad. Mención especial aquí al sumiller Daniel Esteve –“un psicólogo magnífico”, afirma orgulloso el chef–, que aplica sus conocimientos en buscar el vino ideal para complacer al cliente en lugar de apabullarle, como hacen tantos otros. Para seguir, el entorno, exquisito y discreto al mismo tiempo, resulta ideal tanto para una velada romántica de ensueño como para una celebración familiar discreta. Vajilla, decoración, cristalería...

Todo emana tranquilidad y equilibrio para que nuestros sentidos se centren en lo más importante, la cocina. Y es aquí donde Xavier Pellicer marca las diferencias hasta elevarse por encima de otros restaurantes más mediáticos. Armonía es la palabra que mejor define la propuesta de Àbac, capaz de contentar cualquier paladar. Elaboraciones con el toque justo de creatividad, hechas para proporcionar
sensaciones más allá de la sorpresa inicial y, por supuesto, basadas en el mejor producto (cochinillo ibérico de Sierra Mayor, gambas de Palamós, ternera de Girona), todo ello aderezado con algunos guiños al lado más juguetón de la cocina. Se hace tarde –“quiero pasar tiempo con mis hijas antes de que hayan crecido”–, pero aún queda tiempo para charlar de fútbol, los capones que ha prometido a su suegra para Navidad o su pasión por los rones de autor. Y en definitiva, para comprobar que un grande de la cocina también puede serlo fuera de ella.

El complemento perfecto




Si bien el traslado ha sido clave en la evolución del restaurante –su cocina de 200 m2 merece ser visitada en caso de tener la oportunidad–, es imprescindible conocer el resto del complejo para redondear la experiencia Àbac. El hotel, que consta de quince habitaciones con un cuidado por el detalle a prueba del huésped más exigente, supone un oasis para aquellos que deseen pernoctar en Barcelona sin renunciar por ello al máximo grado de intimidad y comodidad, spa de diseño incluido en la experiencia. Si a ello le sumamos la posibilidad de amenizar la estancia con –entre otras propuestas– una excursión a Montserrat, visitas a las mejores boutiques de la ciudad de la mano de un asesor personal o un vuelo en helicóptero por encima de la Ciudad Condal, no se nos ocurre mejor lugar para realizar una escapada de lujo en los próximos meses.







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