TODOVINO.COM | 26 DE DICIEMBRE DE 2011
El champagne, por supuesto, ofrece siempre la versión más sofisticada y exclusiva. No en vano, lleva varios siglos comercializándose como un auténtico producto de lujo y exhibiendo una interminable lista de clientes VIP de todas las épocas: Madame Pompadour, Catalina la Grande, Winston Churchill, James Bond…
Hay marcas que, por el solo hecho de colocarse en la mesa, confieren una especial distinción a quienes disfrutan de ellas. El ejemplo más emblemático, sin duda, es Dom Pérignon, con su inconfundible botella y etiqueta verde, probablemente el nombre que cualquier mortal mencionaría si le preguntaran por un champagne de lujo. Jamás se ha desvelado el número real de botellas que se elaboran. Es lógico; una producción elevada es a todas luces incompatible con la idea de exclusividad. La añada de Dom Pérignon en vigor en el mercado, que se cotiza en el entorno de los 120 euros es 2002. Detrás de la marca está la casa Moët & Chandon, el mayor productor de Champagne, integrado a su vez en el grupo LVMH (Louis Vouitton Moët Hennessy) que también controla a otras firmas míticas como Krug y Ruinart, esta última una especialista en el trabajo con la uva blanca chardonnay y la que está considerada como maison más antigua de la denominación francesa.
Krug es el rey de los champagnes potentes a base de pinot noir, con su legendaria Grand Cuvée y sus propuestas vintage (de añada). También elabora dos raros y carísimos champagnes de pago: el blanc de blancs Clos de Mesnil (875 euros la cosecha 1998), sólo a base de chardonnay y el estratosférico Clos de Ambonnay (2.600 euros la cosecha 1995), que se lanzó ya bajo propiedad de LVMH y es un blanc de noirs sólo a base de pinot noir.
Otros nombre mítico capaz de atragantar el bolsillo, pero notable en el paladar es Louis Roederer Cristal (unos 175 euros la cosecha 2004), en su versión habitual y la mucho más cara y escasa versión Rosé que, en la misma añada, roza los 600 euros.
Aunque toda lista tenga inevitablemente muchas ausencias, nos gustaría incluir otros dos champagnes que levantan pasiones entre entendidos y aficionados y que también juegan en la liga de los más exclusivos. El primero, Bollinger Vieilles Vignes Françaises (700 euros la cosecha 1999)es la etiqueta más especial del champagne favorito de James Bond. Es un blanc de noirs de un único viñedo de pie franco; esto es, de cepas no injertadas. El segundo, Salon (250 euros la cosecha 1997), un mítico blanc de blanc que envejece una media de 10 años antes de salir al mercado.
Si miramos al mundo del cava, quizás no derroche el glamour de su vecino del norte, pero contamos con un grupo de marcas que alcanzan altísimos niveles de calidad y que, con las uvas y el terruño del Penedès, han sido capaces de dar forma a productos de gran complejidad, fruto de largos envejecimientos y que, además, tienen capacidad para desarrollarse en botella o que, como en el caso de los mejores champagnes, se pueden guardar.
Gramona Celler Batlle (44 euros la cosecha 2001), con un envejecimiento en el entorno de los ocho años, ha exhibido orgulloso esta capacidad de durar en varias y muy interesantes catas verticales. Es un espumoso tremendamente complejo, con cuerpo y pensado para comer. En la misma liga juega el Kripta de Agustí Torelló Mata (45 euros la cosecha 2006), con una crianza de 48 meses y su original botella patentada en forma de ánfora.

Hace tres años, la firma Recaredo batió récords al lanzar al mercado Turó d’en Mota, un cava que alcanza los 100 meses de envejecimiento y roza los 100 euros en el mercado (95 euros la cosecha 2002). Apuesta más por el terruño, la acidez y la mineralidad que por la opulencia y le va realmente bien un cierto desarrollo en botella para asentar esa crianza tan prolongada.
Y Raventós i Blanc, cuya etiqueta más prestigiosa es el Manuel Raventós Gran Reserva Personal, presentó una edición limitadísima de añadas antiguas de este cava: 1998, 1999 y 2000, con una producción de 380, 405 y 865 botellas respectivamente. Una “enoteca” al estilo de las que ocasionalmente y con mucho bombo y platillo lanzan algunas firmas de Champagne, como es el caso de Dom Pérignon.