RODRIGO VARONA / VÍDEO: ISRAEL SAS Y ALBERTO ORTEGA | 22 DE AGOSTO DE 2011
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Para los responsables de llevar sus asuntos con la prensa, Juan Mata (Burgos, 1988) debe ser un sueño hecho realidad. Yo ya venía a la entrevista avisado de que este flamante Campeón del Mundo en Suráfrica –y de Europa con la Sub-21 este mismo verano– era un tipo accesible y con la cabeza muy bien amueblada (de esos que suscitan el socorrido comentario “es que no parece futbolista”), pero aún así admito estar sorprendido cuando nos despedimos. Tras compartir con él una larga jornada de fotos, estilismos y pruebas de vestuario no es que sea complicado oírle decir una palabra más alta que otra delante de una grabadora, es que su comportamiento es el mismo cuando está apagada. Además, por si fuera poco, gestiona él mismo sus cuentas en las redes sociales, algo básico en estos tiempos que corren. Lo dicho, un chollo para los de prensa. Tal vez su madurez provenga de las experiencias de su padre, Juan Manuel, quien al igual que otro futbolista ilustre que sale en este número de Esquire (ver pág. 134), también le daba patadas a un balón para ganarse la vida. Salamanca, Burgos, Oviedo, Cartagena... fueron algunas de las paradas de uno de esos trotamundos profesionales que pueblan los campos de nuestra geografía. “Alguna vez me ha ayudado con algún consejo, pero afortunadamente nunca ha sido el típico padre pesado”, concede con cariño el jugador. “Me llevaba al entrenamiento pese a que mi madre decía que con un futbolista en casa tenía suficiente. No me extraña, con tanto trasiego...”. Pero no hay mal que por bien no venga, a él nunca le ha costado hacer las maletas desde muy joven, y todo indica que podría volver a hacerlas en breve.
El nombre de Mata es uno de esos que sale a menudo cuando se habla de las pocas oportunidades que el Real Madrid da a los jugadores de su cantera, en la que aterrizó quinceañero “y bastante acojonado, aunque para mis padres fue mucho peor”. Pese a todo, él defiende sus años en la ‘Casa Blanca’. “Me trataron de lujo y si estoy ahora aquí es en parte gracias a ellos”, afirma con lo que parece algo más que la cortesía habitual en estos casos. De hecho, el único problema que tuvo fue de velocidades: en el Valencia, equipo de Champions, le ofrecían un puesto en la primera plantilla, mientras que en el Madrid le decían que esperara una oportunidad que todos sabemos que lo más probable es que nunca llegue.
Mucho no había que pensárselo... O sí, porque su primer año en el club ché fue de aúpa. “Yo siempre digo que fue mi máster en el fútbol”, asegura al rememorarlo todavía con cara de agobio. No sólo fue el hecho de llegar a su primer vestuario profesional –“ahí nadie cuidaba de nadie”– regido por personalidades tan fuertes como Marchena o Cañizares, es que el curso fue tumultuoso incluso para los estándares del Valencia. “Es un tópico”, afirma, “pero es cierto que aquí cuando se hace una temporada como la última, buena pero no extraordinaria, parece que no hemos hecho nada. No sé si es por eso, pero éste es un gran club y sin embargo sólo se habla de los problemas”. Pese a todo, 2007/08 fue un buen año en lo futbolístico para él, especialmente desde la llegada de Koeman en sustitución de Quique Sánchez Flores (al holandés también acabarían echándole). Se ganó minutos en el campo, el equipo terminó ganando la Copa del Rey y comenzó a hacerse respetar entre sus compañeros. “De los primeros en darme cancha fue Cañizares, se acordaba de haber jugado contra mi padre. Yo creo que ahí fue cuando empezó a pensar en la retirada...”.
Han pasado tan sólo tres años desde aquello (y ocho desde que salió de casa por primera vez), y en este tiempo su vida ha viajado a una velocidad que habría provocado vértigo en muchos. En su club se ha convertido en la referencia indiscutible tras la salida de jugadores como Villa o Silva (esta temporada ha llegado a lucir el brazalete de capitán), situación que le ha llevado a ser uno de los fijos en las convocatorias de Aragonés y Del Bosque desde que debutara en 2009. “Lo mío con la Selección es un idilio, he jugado en todas las categorías y siempre han sido experiencias increíbles”, asegura antes de confirmar que el mito sobre el buen rollo en las concentraciones de La Roja es real pese a los recientes piques en el puente aéreo Madrid-Barcelona. “A los dos días de estar entrenando ves a los Ramos y Piqué de la Selección, no los del Madrid y el Barcelona”.
Este verano él ha dado un paso adelante ejerciendo brillantemente su liderazgo con la Sub-21 y logrando de paso el acceso a los JJ OO de Londres del año que viene, “uno de mis objetivos para esta temporada sin ninguna duda”. Un nuevo curso que en el momento de escribir estas líneas nadie sabe si transcurrirá en Mestalla o en algún otro campo como el londinense. “Eso lo dejo en manos de mis agentes y del club”, repite ahora sí de manera mecánica. Mejor no insistir demasiado y ponerle en un compromiso. Parece claro que no le importaría nada seguir en Valencia pero es consciente de que la situación del club puede obligarle a vender e Inglaterra le parece un destino apetecible llegado el caso, no sólo en lo profesional sino también en lo personal.
Fuera del terreno de juego, como no podía ser de otra manera, Mata se define como un tipo sencillo, poco amante de excesos. Los caprichos se los reserva para su familia o para compartir algún viaje con sus amigos asturianos en verano. “Es una de las pocas cosas que echo realmente de menos, me encanta viajar y cuando me cuentan que han estado en tal o cual sitio durante la temporada me da rabia. De todos modos”, aclara, “no lo considero un sacrificio porque lo que hago me gusta todavía más”. Lo que sí confiesa que llevaría muy mal es la fama al nivel de un Cristiano Ronaldo, no vaya a ser que en ese caso se le subiera a la cabeza y se le alterara ese mantra de “normalidad, normalidad” que le ha llevado tan bien hasta aquí. Entre una cosa y otra, finaliza la sesión de fotos (lo que anuncia vía Twitter, por supuesto). Mientras se cambia, una de mis compañeras del equipo de moda se acerca para comentarme lo fácil que ha sido todo. “Como la seda. Es que es un chico tan... normal”, sentencia mientras se aleja. Qué triste, pienso, que en el mundo del fútbol algo así llame la atención por inusual. Así nos luce el pelo.