BRUNO GALINDO | 19 DE DICIEMBRE DE 2011
Su padre fue dictador, él es dictador y su hijo -si no pasa nada raro- será dictador. Gobiernan con mano de hierro el último ‘paraíso comunista' del planeta: Corea del Norte, un país aislado del resto del mundo, tan irreal y surreal -a la vez- como un decorado de El show de Truman. Esquire te descubre a la persona y al personaje de la mano de una biografía ‘nada subjetiva' y de uno de los pocos periodistas occidentales que ha vivido allí.
¿Quién es Kim Jong-Il? Si le preguntamos a un ciudadano norcoreano (no será fácil: ni a ellos les dejan hablar con los muy excepcionales visitantes, ni a nosotros nos dejan entrarles así como así), estaremos ante el retrato de un hombre de la bondad de Gandhi, el cerebro de Einstein, los talentos de da Vinci, el ojo de Kubrick y el oído de Mozart. Si hablamos con quienes han escapado de allí, no saldrá tan bien parado el Querido Líder: le presentarán como un hombre con la piedad de Calígula, el fair play de Atila, la paciencia de Klaus Kinski, el compromiso social de Paris Hilton y la cultura de Miss Venezuela. Entre la propaganda y la desinformación, no hay mucho margen para librar a Kim Jong-il de la consideración de villano universal. Más de 22 millones de norcoreanos subsisten, desde la instauración del régimen por su padre Kim Il-sung en 1948, bajo la más refinada dictadura de todos los tiempos. Si vives en el terrario norcoreano, escuchas himnos militares ahí donde estés, vigilas y eres vigilado por todo hijo de vecino y estás siempre preparado para aniquilar al enemigo capitalista que envidia tu gloriosa vida. Si vives en Corea del Norte estás famélico, desinformado e incomunicado, pero eres un buen píxel y juras estar feliz. Al fin y al cabo, estás en el "paraíso social" -donde un 10% de la población está confinada en campos de "reeducación"-, debes por ello gratitud eterna a los padres de la patria (sobre todo a su primogénito). Queremos saber, entonces, quién es ese pantocrátor cuyo retrato está en los dormitorios, en los vagones de metro, en lo alto de los edificios, en las laderas de las montañas... Podríamos -es sólo una idea- echar mano de la única biografía existente del Querido Líder para conocerle mejor. Aunque habremos de saber que Kim Jong-il. Breve biografía, eficazmente traducido al español por un comité cubano solidario, sólo está publicado en Corea del Norte (otro día contaremos cómo hicimos para entrar y llevarnos un ejemplar) y ello, admitámoslo, le resta credibilidad. En fin: algo es algo. ¿Empezamos?
Érase una vez Kim Jong-il, nacido en el campamento secreto del monte Paektu, en el condado de Samjiyon, provincia de Ryanggang, el 16 de febrero de 1942. (Primer inciso: la versión extraoficial apunta a que el Líder nació en una aldea siberiana, Viatskoye, cerca de la ciudad de Jabárovsk. Su nombre no sería Kim Jong-il, sino Yuri Ilsungevich Kim). Debemos saber que su familia estaba íntegramente formada por heroicos guerrilleros: su madre fue Kim Jong-suk, una luchadora del comunismo revolucionario. Su abuelo fue Kim Hyong-jik, pionero en el movimiento de liberación antijaponés. Su abuela Kang Pan-sok, su tío abuelo Kim Hyong-gwon, su tío Kim Chol-ju, sus tíos, Kim Ki-jun y Kim Ki-song... Todos héroes de la restauración nacional. ¡Menuda familia!
Desde su más tierna infancia -cuenta el libro que todos los norcoreanos tienen en sus casas- demostró una extraordinaria inteligencia y sabiduría. Ya entonces era un observador clarividente marcado por su carácter analítico y una perspicacia fenomenal. Era creativo e innovador, corajudo y ambicioso, generoso e infatigable. Todo apuntaba a que el muchachito sería pronto un hombre abierto de mente, comprensivo y poseedor del más cálido amor por la Humanidad. A los ocho años, auspició en la escuela la creación del Grupo de Estudio de la Biografía Corta del General Kim Il-sung, y allí acuñó su primer eslogan: "¡Aprendamos por Corea!".
Diez años después ingresó en la universidad Kim Il-sung para estudiar Política Económica y, tras salir de su primera clase, subió a una montaña e improvisó un poema épico: "Mientras estoy en la colina Ryongnam / la tierra de los 3.000 ilumina mis ojos / aprendiendo la gran idea del Líder / yo seré el maestro de la revolución / Oh Corea, yo te glorificaré". Leyó El Manifiesto Comunista, El Capital o El estado y la revolución. Y todo lo ahí escrito, lo supo resumir en una única observación: "Nada de eso ha logrado ir más allá de la teoría". En la práctica, estaba todo por hacer, ¡él lo vio claro!
Un día, en un cursillo de aprendizaje en la Fábrica de Maquinaria Textil de Pyongyang, Nuestro Héroe tuvo una genial ocurrencia: enarboló, con su propia mano, un torno del calibre 26. La cosa fue tan sonada que inspiró el Movimiento de Fidelidad emulando el Torno Número 26, gesto "voluntario" por el cual cada miembro elevado de la sociedad se rebaja a asistir a sus subordinados, acudiendo a sus lugares de trabajo para transmitirles sus pensamientos creativos sobre el campo, las granjas, las fábricas...
No quedó ahí la cosa, porque a los 19 años, ya afiliado al Partido de los Trabajadores, Kim Jong-il sorprendió con locuaces discursos de títulos tan divertidos como: El líder de la clase trabajadora juega un papel fundamental en la lucha Revolucionaria o La validez de nuestra política de partido en el desarrollo de las economías locales... Ya graduado, a los 22 años, el joven Kim se consolidó como gran polinizador de las instrucciones del Líder Padre. Visitó granjas, escuelas, termoeléctricas, plantaciones... Cada día aconsejó sobre cómo mejorar la producción del grano, sacar mejor partido a los fertilizantes, dar un mayor rendimiento a las máquinas... ¡No paró! En un paroxismo de genialidad, el día en que su padre cumplía 60 años, trepó hasta ese gran Monte Paektu y allí, puño en alto, gritó a los cuatro vientos: "¡Desvivámonos por la causa revolucionaria de la que ha sido pionero el Líder, Kim Il-sung!". Y a su bajada corrió a reunir las Obras Completas del Amado Líder; ¡qué difícil fue agruparlas todas en un solo tomo!
Después de ser Vicedirector, Director y Secretario del Partido, El Gran Camarada reorganizó los Comandos de Arte Propagandístico Itinerante; esto es: periódicos, emisiones televisivas y películas. Para correcto brujulamiento de los primeros, escribió el excelso Manual de periodistas. Como consideró que era preceptivo preparar también a los cineastas, asumió personalmente -estamos en los setenta- la dirección del filme Cinco hermanos guerrilleros, adaptó El mar de sangre, produjo luego El destino de un miembro del cuerpo de defensa y por fin rodó su obra maestra, La muchacha flor, premiada nada menos que con la medalla de oro en (así lo denomina el libro que estamos leyendo) el misteriosamente llamado "18º Festival de Cine Mundial".
¡Ah, Kim Jong-il y el cine! Merece la pena un nuevo inciso para contar la historia del secuestro -y confinamiento durante una década- de la pareja cinematográfica más famosa de Corea del Sur, formada por Shin Sang-ok (ponderado como el Orson Welles asiático) y su esposa, la bella actriz Choi Eun-hee. En 1978, Choi acudió a Hong Kong para una cita con un presunto productor que resultó ser un agente norcoreano. Cuando su marido fue en su busca, alguien le sorprendió en una esquina con el viejo truco del pañuelo empapado en éter. Shin y Choi despertaron, cada uno por su lado, en sendos campos de trabajos forzados en Corea del Norte. Un buen día, cuatro años más tarde, sin previo aviso, fueron llevados a un mismo palacio, donde les esperaba el mismísimo Kim Jong-il, quien primero les confesó ser su fan, luego les explicó que no estaba satisfecho con los creadores audiovisuales de su país y al fin les propuso ocuparse de la producción cinematográfica nacional. Shin dirigiría y Choi sería la actriz estrella. ¿Qué tal? Cómo negarse...
Siete películas facturaron, a todo presupuesto, en los estudios de Pyongyang. Casi siempre -inciso dentro del inciso- los malos de estas películas, invariablemente norteamericanos, eran prisioneros capturados... ¡reales! (célebre es por allí el "actor" Charles Robert Jenkins); rodaban y volvían al tajo. La supuesta afinidad de la pareja con el régimen alcanza tal intensidad que el Querido Líder llegó a autorizarles algún viaje al extranjero para algún festival o reunión. En uno de estos viajes (Viena, 1986), consumaron la fuga. Denostada en Corea del Sur por "colaboracionista", la pareja se reinstaló en EE UU, Shin se cambió el nombre por el de Simon Sheen y produjo la serie Tres Ninjas con el luchador Hulk Hogan. Luego se divorciaron. Él murió en 2006 por algo del hígado. Ella vive en Seúl.
Pero sigamos con el Kim Jong-il quien, resuelto el tema del cine (y comenzada una filmoteca privada, por lo visto de proporciones épicas), andaba ahora embarcado en la "claseobrerización" de la ópera. ¿La clave? Cada pieza debía ser revolucionaria, incorporar gloriosos pangchangs (canciones tradicionales sobre héroes y heroínas) y escenografías de barricadas, campos de batalla y barracones sobre los que llueven los obuses. Nuevos trabajos del Líder: El mar de sangre, Una verdadera hija del partido; Cuéntame, oh, bosque; y La canción del monte Kumgang. ¡Todas tuvieron un éxito sin precedentes! Le llegó el turno a los libros: "¡Desarrollemos un nuevo tipo de literatura revolucionaria!". Kim formó la Compañía de Producción Literaria 15 de Abril, en cuyas filas puso a trabajar a los más clarividentes de entre todos los escritores: aunque fue él quien les dio la idea de escribir Aurora revolucionaria, El año 1932, Sonrisa eterna, Un álamo blanco, La muchacha flor...
Podía con todo: dirigía, escribía novelas, firmaba editoriales en el periódico nacional, el Rodong Sinmun... Tanto cundió su ejemplo que se organizaron espontáneos Comités de Apoyo a la Reunificación Coreana en más de 70 países asiáticos, africanos y latinoamericanos. Solamente en 1979, 1.080 millones de personas de 128 países participaron, a través de 31 organizaciones internacionales y regionales, en la campaña de firmas internacional a favor de una Corea Reunida e Independiente. Hay que decir que entre enero y octubre de 1980 se vendieron en todo el mundo 24,43 millones de copias de libros de Kim Il-sung en más de 50 idiomas, y se publicaron fragmentos de los mismos en más de mil periódicos de 124 países.
Alentado por el entusiasmo mundial -sigue contando su biografía, nosotros no inventamos nada-, Kim Jong-il, ya erigido en miembro de la Presidencia del Buró Político, Secretario del Comité Central del Partido y también miembro de la Comisión Militar Central, manda construir la Torre Juche (el obelisco más grande del mundo) y el Arco del Triunfo (tres metros más de alto que el de París). Además, mandó ensanchar la avenida Mansu, e hizo construir en Pyongyang el estadio Kim Il-sung, la Gran Biblioteca Popular, el Parque de Atracciones Mangyondae, la Pista de Patinaje y los Grandes Almacenes Número 1. Fue un momento de una gloria infinita. ¡Loor a él! Una intensa luz recubrió el cielo coreano y bañó los rostros de todos los habitantes del paraíso y en particular de Pyongyang, donde empezó a aparecer el esqueleto de un absurdo edificio con forma triangular. El tema merece un nuevo inciso.
Con sus 330 metros de alto, el Hotel Ryugyong detenta el orgullo de ser, aunque vacío e inacabado, el mayor hotel del mundo y el único con la forma de un perfecto triángulo isósceles. El edificio tiene 105 pisos y mide 330 metros de alto; nueve metros más que el hotel Burj Al Arab, en Dubai. Sus 3.000 habitaciones y sus siete restaurantes giratorios debían estar listos en 1989 para el Festival Mundial de la Juventud, pero la construcción se detuvo en 1992, en plena crisis energética. El Líder, contrariado ante el fracaso, ordenó que nadie mirase el edificio ni se refiriese a él en alto. Simplemente, a pesar de ocupar toneladas de cemento, se volvió invisible para los norcoreanos; dejó de existir.
Pero qué importaba la crisis... ¡y qué más daba la disolución de la amiga URSS! ¡Corea del Norte seguiría adelante, y que tuviera ojito el enemigo! Tan sonadas fueron las apariciones de Kim Jong-il entre las masas que, sólo en diez días, en marzo de 1993, en un momento de especial hostilidad con el Sur, 500.000 jóvenes, estudiantes y soldados en la reserva pidieron ingresar en filas de manera inmediata. Declarado un estado de semi-guerra contra el Sur, el país vivió un auténtico fervor. ¡Adiós al Tratado de No Proliferación Nuclear!
Y entonces sucedió la tragedia: la muerte del Camarada Kim Il-sung, el 8 de julio de 1994. Kim Jong-il, Comandante Supremo del Ejército, Presidente de la Comisión de Defensa Nacional y Jefe del Comité Militar del Partido de los Trabajadores de Corea, era por fin Todopoderoso. Es el momento de abandonar el libro -de hecho, acaba aquí- y del sarcasmo que ha predominado hasta este punto: muerto el Amado, el Querido Líder Kim Jong-il heredó un ambiente penoso y durante la segunda parte de los años noventa siguió echando fama a través de la política Songun, traducible como "armas primero".
Se lo gastó todo en torpedos, como el Taepodong (célebre entre los vecinos japoneses) y en avanzar, en la base de Yongbyon, su valioso juguete nuclear. Se recordará que poco antes del año 2000, Bill Clinton y Madeleine Albright estuvieron muy cerca de cierto pacto con Corea del Norte. Pero al principio del nuevo siglo, George Bush Jr. desmanteló el protocolo y nombró al país asiático miembro del Eje del Mal.
Asumamos que más o menos en esos días todos empezamos a cogerle tirria a Kim Jong-il. La cosa no progresó, ni mucho menos, con la detonación subterránea de una bomba atómica en octubre de 2006 (que supuso el ingreso del país comunista en el club nuclear) y de un nuevo ensayo en mayo de 2009. Continuó, durante todo este tiempo, el juego del gato y el ratón (ahora desmantelo mis centrifugadoras de uranio, ahora las reinstalo, las apago, las enciendo...). Y con los meses, nuevos rifirrafes en la zona desmilitarizada, sea en la franja de tierra de 261 kilómetros de largo y cuatro de ancho, o en la no menos caliente zona limítrofe en las aguas del mar Amarillo.
Recuérdese la ofensiva del pasado noviembre a una pequeña isla de la costa occidental surcoreana que se saldó con dos víctimas mortales del lado Sur. ¿Para qué valía todo esto? Puede pensarse que para llamar la atención de EE UU y reclamar, por la vía del chantaje, una nueva donación de energía y alimentos. Otra posibilidad: Kim Segundo mantenía entretenido al ejército y, sobre todo, entrenaba a quien antes o después deberá saltar a la arena en calidad de sucesor.
Perdón, nos faltaba presentar a la parte más sentimental de la familia de Kim Jong-il.
Se habla de tres casamientos y cuatro hijos en la vida del Querido Líder. El primero habría sido con Sung Hae-rim, una actriz a la que conoció durante una de sus visitas a los estudios cinematográficos de Pyongyang. La boda fue forzada, pues Sung ya estaba casada y tenía un hijo. La pareja tuvo un hijo, Kim Jong-nam, al que el Líder escondió en Ginebra (pues no quiso presentárselo a su padre, que había desaprobado el enlace). Supimos de él cuando fue detenido en Tokio, en 2001, acompañado de dos mujeres y con un falso pasaporte de la República Dominicana. Dicen que tras sus declaraciones -"Yo sólo quería ir a Disneylandia"- perdió la confianza de su padre, quien hasta entonces le había visto como un posible sucesor.
Su segunda esposa, Koh Young-hi, fue bailarina hasta su rapto y entrega al mandatario. Murió de cáncer de mama en 2003. Fruto de esa relación tuvo dos hijos, Kim Jong-chul y Kim Jong-un. Quedémonos con el nombre de este último. La tercera y última esposa fue otra bailarina, Kim Young-sook, madre de la única hija de Kim Jong-il. Ambas, Kim y Mieko, viven en Japón, visitan al Líder cada año por su cumpleaños y, según se dice, tienen tratamiento VIP en el país del Sol Naciente.
Ya conocemos el nombre del sucesor de Kim Jong-il. Designado en abril de 2009 y con asiento de primera fila en las últimas tropelías de Corea del Norte, es Kim Jong-un (ilustración de arriba). Nosotros aún no sabemos nada de él. Pero en Pyongyang ya le llaman Brillante Camarada, y dicen que es tan generoso como el Dalai Lama, inteligente como Hawking, observador como Aristóteles... ¿Os suena?
Bruno Galindo, autor del libro Diarios de Corea: viaje a la última frontera de la Guerra Fría (Debate), es uno de los pocos periodistas occidentales que ha podido entrar, vivir y recorrer Corea del Norte.