JUAN VARELA | 06 DE OCTUBRE DE 2011
Estilo
Es el toque Jobs. Gusto. “El único problema con Microsoft es que no tienen gusto. Ningún gusto en absoluto”, ha dicho de su peor rival y vida paralela, Bill Gates. El diseño es cultura. Y Steve Jobs es un devoto.
Terminator Jobs en estado puro. Así lo recuerdan muchos de sus empleados. Implacable. “Tienes una gran idea. Steve llega y se pasa los próximos días diciéndote lo mala que es”, ha dicho Steve Capps, uno de sus ingenieros. “Muy poca gente ha trabajado para él más de una vez”.
Well, I wanna be your lover, baby,
I don’t wanna be your boss.
¿Es ese el gran jefe? ¿El tipo que inventó Apple en un garaje californiano con Steve Wozniak?
Jobs. Polo negro de cuello cerrado. Mangas remangadas. Levis 501. Estilo Jobs. Todos atentos siempre a sus zapatillas. Casi siempre New Balance en los pies. Pero el negocio obliga y Steve cambió a Nike cuando la marca patrocinaba un modelo de iPod. Márketing personal. Último calzado para presentar novedades: todoterrenos de trekking. Steve Jobs es imagen. Viste con identidad corporativa y miles de admiradores lo imitan en todo el mundo. Es como Mao, pero con pelo y barba menos plastificados que la imagen pop creada por spotify.
Once upon a time you dressed so fine
Jobs dando vueltas con los dedos por la rueda del iPod. Jobs dando vueltas por la rueda del Dharma, alrededor de una estupa budista, su fe desde hace tiempo. Sólo pasar los dedos por la pantalla táctil. Suavemente. Y todo cambia. No fue siempre así. La imagen actual de Jobs comenzó con el iPod. Cuando Apple Computer se convirtió en Apple Inc. para dejar de vivir de los ordenadores. “¿Exactamente a qué negocio se dedica ahora la empresa?”, se preguntó hace unos meses Walter Mossberg, el prestigioso columnista de tecnología de The Wall Street Journal.
El polo negro y los vaqueros no han fallado desde entonces en todos los grandes momentos. Antes no era así. Jobs cambiaba de ropa. Ahora lo tiene claro: convertir a Apple en la gran firma de la electrónica exquisita bien merece un uniforme.
El icono Jobs tiene muchas caras. Genio, emprendedor, showman de los negocios, gurú. Su mayor arte, como el de tantos grandes, es inventarse a sí mismo. Su carrera es como un gran drama clásico en tres actos.
El ascenso. Fue la creación de Apple en 1977 y el lanzamiento del Macintosh y el interfaz gráfico para ordenadores de mesa en 1984. Jobs y Wozniak convirtieron a un montón de gente en diseñadores, les permitieron utilizar ordenadores sin tener que entenderse con códigos. Y todo con un solo dedo. Un ratón para controlarlo todo.
La caída. La pelea con John Sculley, el hombre que trajo de Pepsi para dirigir el negocio y al que preguntó: “¿Quieres pasar el resto de tu vida vendiendo agua azucarada o quieres una oportunidad para cambiar el mundo?”.
People’d call, say,
“Beware doll, you’re bound to fall”
Los años de destierro y ostracismo. Con una sola acción de Apple Computer para seguir teniendo acceso a los informes de la compañía.
Y la resurrección. Su vuelta a Apple en 1997, el nuevo empuje para los Macs y después la gran revolución con el iPod, iTunes, la música, el iPhone…
You should be made
To wear earphones
Jobs, profeta del futuro digital y dios de los gadgets de diseño.
Con un cáncer de páncreas superado cuando al principio nadie pensaba que sería posible, el creador volvió y ya tuvo claro qué haría el resto de su vida: “Amo a mi familia, amo dirigir Apple y amo Pixar. Tengo mucha suerte”.
20.000 iPhones
Y eso que en la mayoría de los países todavía no se puede comprar. 20 millones de canciones vendidas en iTunes en un solo día de la Navidad pasada. Cifras.
Y eso sin contar Pixar. La creadora de dibujos animados como Toy Story o Cars nacida en las industrias de George Lucas. Jobs aguantó. Se metió en el negocio del cine, la vendió a Disney y se ha convertido en el mayor accionista de la casa de Mickey Mouse y el Pato Donald.
Steve Jobs arranca un nuevo año contento. 2007 ha sido mágico para Apple.
Su viejo socio Wozniak, conocido como iWoz y retirado de Apple, ha dicho que Jobs “siempre ha creído que iba a ser un líder de la humanidad”.
Y lo es. Sin duda. En su último discurso en la gran feria de Apple, Internet casi se cae con la congestión en las páginas que retransmitían o comentaban en directo el acto. Es de los pocos que puede presumir de casi tirar él solito la web.
Su influencia es enorme. Tanto que cuando el año pasado hizo un llamamiento contra el fin de la música con DRM (gestión digital de derechos) las discográficas no pudieron sino escuchar. Y 2007 ha sido el año en el que las grandes discográficas han aceptado comercializar canciones sin esos odiados sistemas de protección anticopia.
Aunque iTunes no ha sido la más beneficiada. Otro gurú digital va ganando la partida, Jeff Bezos, creador de Amazon. Su nueva tienda Amazonmp3 se presentó como adalid de la música sin DRM en el momento justo. ¿Empieza la era post iTunes?
Pero el llamamiento del dueño de la gran tienda de canciones on line a los magnates de la música revela mucho de cómo funciona la mente de Jobs. Su propuesta: liberen de esos incómodos sistemas de protección sus canciones, señores de la música; Apple seguirá con los suyos propios para que no se pueda copiar de iPod a iPod y para que cada iTunes identifique claramente en qué ordenador está instalado.
Steve Jobs defendía su negocio y la inefable querencia de Apple por los sistemas cautivos. Lo mejor de la empresa de la manzana es haber revolucionado la informática con la interfaz gráfica y esa nueva relación, casi personal, con el ordenador. Lo peor es su cerrazón a cualquier otro sistema y su concepción propietaria de sistema operativo y hardware.
El cacharro es la clave
Jobs lo entendió desde el principio. Y más con la explosión iPod. Si controlas el canal y la máquina lo tienes todo.
A tal punto llega la obsesión de Apple por el candado que lo pensaron mucho, mucho, para que iTunes y los iPod funcionaran con el Windows de Microsoft. Pero entre un mercado universal y un nicho entonces del 3% del total de ordenadores, por muy fiel que se sea a sí mismo la decisión es inapelable.
“Pensamos mucho –recuerda Jobs–. El mayor riesgo, obviamente, fue que habíamos visto gente comprando Macs sólo para tener en sus manos los iPods. Así que llevar iPods a Windows fue realmente una elección”.
You used to laugh about
Y funcionó. Apple ha podido mantener su aura de firma más creativa e innovadora mientras ve a sus grandes competidores copiar sus modelos, sus diseños, sus iconos, sus productos.
¿Hay algo que Jobs odie? La televisión
La ha llamado “la más corrosiva pieza de tecnología que he visto”. La razón: es un medio pasivo. “La televisión se puede usar para apagar tu cerebro, y para eso es para lo que la mayoría la usan”.
Quizá el cerebro de Jobs no se apaga nunca. O le duele el fracaso de su Apple TV, un dispositivo que no ha revolucionado la televisión. La estrategia de la manzana no es todavía el corazón del hogar digital. Reina en territorios personales, pero el sofá del salón se resiste a sus encantos.
“It’s all been designed”, he said,
“To make you lose your mind”
Es un maestro de la percepción. Lo dijo el escaldado John Scully cuando el creador volvió a Apple tras el destierro de NeXT. “Steve sale en la portada de cada revista y cada diario en el mundo y de repente todo el mundo cree que Apple tiene una oportunidad de nuevo”. La tuvo. Y Jobs la está aprovechando.
There’s someting in the air.
Lo decía la publicidad de Apple antes de la MacWorld Expo de 2008. Esperadísima tras el mejor año de la historia de la empresa.
Jobs salió de negro y jeans. Como siempre desde la reinvención de su compañía. Eufórico. Más viejo. Un hombre de su edad. Superados los 53 años, ya no es el chico prodigio de la informática.
Bill Gates tiene más dinero y más cara de niño. Gates está dejando Microsoft en manos de sus ejecutivos. Jobs es el jefe. Todavía muchos se quejan de lo difícil que es trabajar con un egoísta tan exigente.
“Cuando Bill y yo comenzamos, éramos los más jóvenes en la sala. Ahora soy el más viejo aquí”, dijo Jobs en un encuentro entre los dos ante el público en 2007. Y citó a los Beatles:
You and I have memories
Longer than the road that
stretches out ahead.
Toda una declaración. Two of us, del álbum Let it be. Paul McCartney la escribió cuando las cosas no iban bien con John Lennon. Jobs podría seguir la letra. Años después Suede escribió The 2 of us y lo dejó más claro:
But you’re outside
where the companies dream
and the money goes round
Los años de la caída de Jobs. Superados. Steve tiene más encanto. Los empollones pueden seguir queriendo ser Bill Gates. Pero si eres un escogido siempre enseñarás con orgullo tu cacharro de la manzana y defenderás al hombre del polo negro arremangado.
Gates es un posh, el niño pijo de jerséis con cuello de pico. Jobs siempre ha mantenido el aura hippie, la imagen de la cultura del garaje, la de la informática, no la del rock. Es el mito iniciático de Silicon Valley.
¡Cómo no va a serlo un tipo que a los 12 años llamó a Bill Hewlett, uno de los fundadores de HP, para que le diera un trabajo de verano en su compañía!
And you go watch the geek
La revista Fortune lo alzó al Nº 1 de su lista de las 25 personas más poderosas en los negocios el año pasado.
Larry Page y Sergei Brin, fundadores de Google, sólo estaban en el cuarto puesto.
Bill Gates, en el séptimo.
El Beethoven de los negocios, le han llamado, pero en la revista preferían más bien el apodo de Maquiavelo: “Un hombre que ha podido someter proveedores, socios e incluso industrias enteras a su voluntad”.
El hombre con mayor influencia en una cadena de industrias interconectadas: los ordenadores, Hollywood, la música, la venta por Internet y los negocios de las conexiones inalámbricas.
And ask him do you want
to make a deal?
Ese es el nuevo desafío del CEO de Apple. Someter a las todopoderosas telefónicas a su iPhone. Convencerlas de que es tan caro porque es exclusivo, y que por eso tienen que firmar exclusividad y dar un porcentaje de la facturación de esos teléfonos móviles a Apple.
¿500 dólares por un móvil? Ciao
Jobs ha encontrado la fórmula. Apple ya no es un fabricante de ordenadores. La manzana vende clase, distinción, futuro, exclusividad.
To be on your own
Apple trabaja en un sistema para evitar colas a los propietarios de un iPhone. ¿Vas a hacer una cola en un Starbucks, en el supermercado o en una macroboutique cuando llevas el objeto del deseo en el bolsillo?
No.
La industria de la telefonía móvil nunca había visto nada igual. Desde sus cuarteles de Finlandia, Nokia vigila. El mayor fabricante de móviles del mundo nunca lo ha conseguido a pesar de tener más de una tercera parte del mercado mundial de estos aparatos.
En EE UU, Motorola, el gran fabricante de móviles norteamericano, se lamenta todavía más. Primero perdió el mercado de los microprocesadores para los ordenadores Apple, para los que había trabajado tantos años. Primero fue el legendario procesador 68K, el corazón de los inicios de los ordenadores personales, del Commodore Amiga, los Atari y los primeros Macs. En 1991 llegaría el PowerPC, estandarte de Apple hasta 2006, cuando la resistencia confesó que había llegado la hora de meter un Intel dentro de la carcasa de los Macs.
¡Traición! Gritaron los más fieles. Intel, uno de los demonios de tantos años. Windows corriendo en Mac. Pero convergencia es el mantra, incluso para el universo Mac.
He’s not selling any alibis
Jobs, el profeta, convencía a sus fieles de que había llegado el momento. Hay mercado más allá del universo de la manzana. Apple es ahora una galaxia donde cabe música, cine, cacharros de gran consumo como el iPod y teléfonos móviles.
Y ahora, el iPhone se lleva por delante todos sus intentos de meter la música de iTunes en sus celulares. Y hasta corre peligro el nuevo y exclusivo modelo ROKR, con esa rueda tan familiar para los ipodtizados.
Y eso que comenzó mal. “Todavía no tenemos producto”, decía Jobs a sus empleados pocos meses antes de lanzar el iPhone cuando en su primer demo el aparato no funcionaba, las llamadas se cortaban, las aplicaciones integradas no funcionaban y la batería dejaba de cargarse antes de tiempo.
Muchos en aquella reunión echaron de menos los habituales gritos del jefe. Esta vez, silencio. “Fue una de las pocas ocasiones en Apple que me dejaron helado”, recuerda uno de los desarrolladores del teléfono.
Telefónica venderá el iPhone este verano en España y lo presentará en el 3GSM, la gran feria mundial de la telefonía móvil de Barcelona. La empresa presidida por César Alierta se ha dado prisa para hacerse con el teléfono de Apple en España, Italia (a través de Telecom Italia) y en Gran Bretaña (O2). Alierta quiere convertir al iPhone en el teléfono que lance la apuesta de la compañía por la Internet móvil. Alierta quiere que Steve Jobs esté en verano en España para un gran lanzamiento. España siempre ha sido un buen mercado para Apple. Con los móviles será distinto. Se enfrenta a Nokia, con casi un 40% del mercado, y a equipos más baratos que también se pueden manejar con los dedos.
Telefónica no cuenta los entresijos del contrato, pero se supone que seguirá las pautas del primero, firmado con AT&T en EE UU: compartir una parte de la factura de los abonados con iPhone a cambio de la exclusividad de distribución. Apple se reserva el diseño, la aprobación del software y de los servicios preinstalados en el iPhone.
La Comisión Europea, vigilante de la competencia, ya ha dado su bendición: está dentro de la legalidad comunitaria los contratos en exclusiva de Apple con una única operadora telefónica en cada país para vender iPhone.
Pero el iPhone ya ha cambiado las reglas del mercado de los móviles. Los teléfonos eran por ahora commodities. Las operadoras mandaban y los fabricantes asumían el precio decidido por las telefónicas, los servicios impuestos por ellas, los descuentos y un sinfín de condiciones más.
Y llegó Apple y todo cambió.
Now all the authorities
hey just stand around and boast
Pero el atractivo sensual de Apple y sus nuevas criaturas parece imbatible. Al menos entre los más fashion de los geeks. No será el que más venda, pero meses antes de estar en las tiendan muchos lo esperan y algunos han corrido a comprarlo donde ya existe para traerlo y ser los primeros en liberarlo.
Keynote de Steve Jobs (enero 2008)
Este año todos esperaban otra gran sorpresa tras el año triunfal del iPhone. El año de oro de Apple. Todas las revistas, los blogs, los medios económicos. Todos se llenaron en noviembre y diciembre pasados de la expectación por la nueva keynote del genio en la MacWorld Expo, su lugar preferido para sus apariciones estelares.
La keynote, nombre del programa de presentaciones de Apple, es el gran show de Jobs. El mayor espectáculo inventado para vender nuevos productos a millones de fieles clientes, a early adopters siempre en busca de la última innovación, snobs fascinados por la tecnología, proveedores y medios, muchos medios que esperan ver y anunciar los productos del hombre que inventó la interfaz gráfica y que contaminó a tantos con su pasión por la tipografía y el diseño gracias al desktop publishing.
You used to be so amused
Y Jobs encendió su proyector. Todos esperaban otro anuncio como aquella frase mítica, “y no es un Mac”, que precedió al lanzamiento del iPod.
Pero esta vez volvió a ser un Mac. Finísimo. Eso sí. Es un iPod convertido en ordenador. Metálico, ligero, delgadísimo, multimedia, carísimo. Más táctil, al estilo iPhone. Con un nuevo sistema para manejarlo con tus dedos.
No es aquel ordenador gestual de Tom Cruise en Minority Report ni tampoco el reacTable de Björk, el instrumento digital con interfaz tangible sobre una mesa desarrollado en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, pero va en camino.
Los fieles más tradicionales de Apple pensarán que ya era hora de tener nuevo ordenador. Otros se quejan. Esperaban algo nuevo. Otra vez algo sorprendente de su semidios, Steve Jobs, el genio, y la corte donde a la diestra se sienta Jonathan Ive, el diseñador jefe de Apple.
Think different. Los dedos de Steve Jobs acariciando la rueda del iPod para cambiar la forma de tocar la música para siempre. Simplicidad máxima. Sólo tres teclas, pedía el CEO de Apple a sus ingenieros. Cuatro, dijeron. ¿Por qué? Una para el menú, jefe. OK. Y la revolución de Apple y de la música empezó.
El toque iPod. El tacto iPhone. Jobs pasando los dedos suavemente por la rueda del mp3, arrastrando sonidos e imágenes por el cristal de su teléfono móvil. Sí. Una vez que se toca no puedes parar de hacer cosas con los dedos. Te conviertes en cyborg con el tacto sugerente de tus cacharros y te planteas que el sueño de hacer el amor con androides de piel construida con polímeros no está tan lejos. El tacto te atrapa.
Jobs es la cara de sus lanzamientos
Y más desde octubre de 2001. El momento en que nació el iPod y comenzó la reinvención de la marca de la manzana. Ni la tragedia del 11-S lo paró. Nueva York está lejos de Cupertino, la sede de Apple en California y el show debe continuar.
Jobs ya tenía entonces su imagen actual. Pelo cortísimo. Polo negro de cuello alto. Jeans. Deportivas. Uniforme de icono de los 60. Mezcla de genio científico, rock, budismo y palabras y sonrisa para salvar el mundo.
How does it feel
To be on your own
Si algo caracteriza a Apple es que siempre lo ha controlado todo. El software, el ordenador, las conexiones, los desarrolladores de otros programas… así que su club exclusivo de usuarios bien puede comunicarse con el resto del mundo de forma inalámbrica a través de sus cacharros, sean iPods, iPhones o los nuevos y delgadísimos MacBook Air.
El culto a Mac. La historia de la informática personal se divide en dos grandes especies: los fieles al Mac y los del PC. Caín y Abel. Los elegidos y el resto. El éxodo ha sido largo. Jobs amaba la caligrafía. Sin ella no hubiera habido tantos tipos de letra en los Macs. Aprendieron tipografía en el disco duro y supieron que podían diseñar el mundo.
Pero eran apestados. ¿Quién iba a crear aplicaciones para tan poca gente? ¿Quién iba a discutir todo el tiempo con Apple y sus exigencias?
Ahora ves los auriculares blancos del iPod en una oreja y sabes que es uno de los tuyos. Están los nuevos. Los que llegaron por iTunes. Y los de siempre. Los que un día se sublevaron y mantuvieron durante años un cadáver: Mac OS 9, el sistema operativo que se negaba a morir.
Dr. Frankestein, tus criaturas quieren vivir, debió pensar Jobs.
Los primeros siempre fueron elegantes, exclusivos, pioneros. El primer Mac lo tuvo muy poca gente, pero el pequeño Apple II marcó una época. Los ordenadores y la vida de sus usuarios no volvió a ser igual.
Los ordenadores personales eran cacharros feos. Antipáticos. Grandes. Sin gracia. Complejos, con aquellos lenguajes oscuros. Llegó Mac y el ordenador se hizo blanco. Y de colores, y bonito para llevarlo con orgullo bajo el brazo o para que las agencias de diseño y publicidad tuvieran cacharros acordes a su mobiliario.
“La primera regla es hacer grandes productos”. El credo de Jobs. “Necesitas una cultura muy orientada al producto, incluso en una empresa tecnológica”. Y el universo Apple debe tener un sentido: “Se necesitan algunas fuerzas gravitatorias que empujen juntas. De lo contrario puedes tener grandes piezas de tecnología flotando alrededor del universo. Pero eso no añade demasiado”.
La segunda regla: “Conseguir siempre beneficios”.
But you’d better lift
your diamond ring,
you’d better pawn it babe
Mi primera historia es sobre conectar puntos
dijo Jobs en un discurso que todos sus admiradores recuerdan en la Universidad de Stanford.
Nació en San Francisco en 1955. Su madre lo dio en adopción para que sus padres fueran graduados universitarios. Luego resultó que no lo eran. Pero Steve creció en Silicon Valley cuando la cuna de la tecnología digital crecía alrededor de los laboratorios de Hewlett-Packard. Y así fue como el joven Jobs llamó a uno de los creadores de la compañía a los 12 años para pedir trabajo.
Allí conoció a Steve Wozniak, el hombre con el que fundaría Apple.
A los 17 años fue a la universidad. Y se dio cuenta de que no valía la fortuna que pagaban sus padres. Dejó la carrera, pero siguió asistiendo a las clases que más le interesaban. “Una de las mejores decisiones que jamás he tomado”.
Durmió en habitaciones de compañeros y asistía a un templo Hare Krishna para comer caliente. Y se enamoró de la caligrafía. Diez años después, el Mac “fue el primer ordenador con una tipografía realmente bella”.
“Mi segunda historia es sobre amor y pérdida”.
Lo primero que hicieron Wozniak y Jobs fue un blue box, un artilugio para hacer llamadas de larga distancia engañando a las operadoras. Wozniak era un golfo. Una noche consiguió llamar al Papa haciéndose pasar por Henry Kissinger, por entonces secretario de Estado norteamericano.
They’re drinkin’,
thinkin’ that they got it made
Por entonces compartían muchas cosas, las ideas de la revolución de los 60, los hippies, las comunas, el LSD y Bob Dylan. “Hemos conducido grandes distancias para encontrarnos con gente que tenía fotos o entrevistas con Dylan”, recuerda Wozniak. Trabajaron para Atari y en cuanto Jobs tuvo dinero se fue a la India. Y volvió con la cabeza afeitada y listo para ser budista.
Los dos emprendedores se metieron en el garaje de los padres de Jobs, vendieron su furgoneta Volkswagen y la calculadora de iWoz y fundaron Apple Computer en 1976. En 1980 salieron a bolsa y se hicieron multimillonarios.
En 1984, un anuncio en la SuperBowl inició la era Macintosh y los ordenadores se hicieron gráficos, de colores y funcionaban con sólo arrastrar iconos por la pantalla.
El éxito.
“Tuve suerte –recuerda Jobs–. Encontré lo que amaba temprano en mi vida. Trabajamos duro y en diez años Apple había crecido de ser nosotros dos en un garaje a ser una compañía de 2.000 millones de dólares y 4.000 empleados. Y entonces me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de la empresa que has fundado?”.
La apretada y afortunada vida de Jobs.
A la mierda.
“Pero amaba lo que hacía. Y decidí comenzar de nuevo”.
1986. Y nació NeXT. Carísimos y potentísimos ordenadores que nadie necesitaba ni quería. Un ordenador interpersonal, según Jobs, para conectar gente. No lo consiguieron, pero Tim Berners-Lee desarrolló los principios de Internet con un NeXT.
Y también nació Pixar de entre los proyectos de la factoría de George Lucas, el creador de La guerra de las galaxias. Y con Toy Story hicieron la primera película completamente animada por ordenador.
Y Steve Jobs se enamoró de Laurene Powell, con la que sigue casado y es el brazo filantrópico y político del poderoso amo de Apple.
Princess on the steeple
and all the pretty people
Laurene Jobs Powell es la presidenta de College Track, una institución que beca a alumnos sin recursos para darles educación superior. Conectar puntos… Antes fundó Terravera, una compañía de alimentos ecológicos después de haber trabajado para los bancos de inversiones Merrill Lynch y Goldman Sachs.
Laurene preside el Valley Women Without Borders, el mayor fondo filantrópico de las ricas mujeres de Silicon Valley. Y también a través de ella los Jobs hacen sus aportaciones regulares al Partido Demócrata. En los últimos años han contribuido en las campañas de Barack Obama, John Kerry, Howard Dean y su preferida, Hillary Clinton.
Y Jobs volvió a Apple. Y lo reinventó. Los empleados de Apple temblaban cuando se encontraban con él temiendo que les preguntase por la miríada de proyectos que enseguida lanzó y que nadie tenía tiempo de acabar.
Y comenzó el toque Jobs. Campo de realidad distorsionada, le han llamado. Los vectores: una mezcla de encanto, carisma, altanería, exageración y márketing. Puro Stevenotes, el estilo de las keynotes de la gran feria mundial de Apple.
Toda su vida, Jobs ha recordado una cita que leyó a los 17 años: “Si vives cada día como si fuese el último, algún día ciertamente será verdad”. Recordar que cada día puede ser el último ha ayudado a Jobs a no parar.
Y llegó el cáncer.
Now you don’t talk so loud
Now you don’t seem so proud
A las siete y media de la mañana de un día estaba condenado. De tres a seis meses, le dijeron. Pero se equivocaron. Su cáncer de páncreas se podía curar con cirugía. Era lo que le faltaba al hombre que estaba reinventando Apple. El hombre que reinventaba su propia vida. Imparable. Los dedos acariciando la sensual rueda del iPod. Deslizándose con lujuria por la pantalla táctil del iPhone.
“Tu tiempo es limitado, así que no lo gastes viviendo la vida de otros. No te dejes atrapar por el dogma, que es vivir con los resultados de lo que otra gente piensa. No dejes que el ruido de las opiniones de otros ahoguen tu propia voz. Y lo más importante, ten el coraje de seguir tu corazón y tus intuiciones”.
How does it feel
To be on your own
El toque Jobs.