Esquire en Facebook
Esquire en Instagram
Esquire en Google Plus
Esquire en LinkedIn
Newsletter
20 Minutos

Historia Esquire. Así es Xabi Alonso, la normalidad convertida en futbolista

REDACCIÓN | 10/3/2017
No muchos deportistas han sido portada de Esquire. Casi 10 años después y con más de 100 números a nuestras espaldas solo siete han sido los elegidos para lucir en nuestra primera página. Uno de ellos fue Muhammad Ali, El Más Grande. Otro es el posiblemente mejor deportista de la historia de España, Rafael Nadal. El tercero fue Mike Tyson, al que poco después sucedería Fernando Alonso. Antes que ellos pasaron futbolistas como Zinedine Zidane, mitos como Johann Cruyff y el que hoy nos trae aquí, Xabi Alonso, que cierra el cupo de nuestros Siete Magníficos.

Recuperamos hoy la entrevista que le hicimos al tolosarra hace ya casi siete años (sí, en abril de 2010, a pocos meses de conquistar el Mundial) en la semana que el legendario 14 del Real Madrid, el hombre que fue capaz de congeniar igual de bien con José Mourinho y con Pep Guardiola o que desde su visión de juego y posicionamiento jerarquizó aquel centro del campo de la selección española que levantó los títulos más importantes del Planeta Fútbol dice adiós al deporte que tanto le ha dado y al que tanto ha dado.

Él es Xabi Alonso, un tipo normal.

•Soy bastante serieadicto. Ahora estoy enganchado a Dexter... (así que no me cuentes nada de cómo acaba la última temporada). También me gusta bastante Mad Men y Entourage (El séquito)... Ésa es buenísima [se ríe al recordarla]. El formato de 40 minutos por capítulo de este tipo de series es comodísimo, porque se ajusta muy bien a los viajes. Piensa que tenemos muchas horas de aeropuerto y concentración, y con el ordenador se te pasan más rápidamente. Para mí, Internet es un invento. Cuando hago la maleta, antes de meter cualquier cosa... ¡el portátil!, que no se me olvide; y luego ya, las zapatillas, el traje o lo que sea. Me pongo a ver vídeos, películas, documentales, hablar con amigos... No voy sin mi Mac a ningún lado.

• El Real Madrid provoca una sensación de amor-odio bastante curiosa. Allá donde viajes, sea donde sea, siempre hay un grupo de mil o dos mil personas esperándote en la terminal o en la puerta del hotel para hacerse fotos y aplaudirte. Piensas: "¡Joder, qué de madridistas hay por aquí!". Pero, claro, en cuanto empiezas a ir en el autobús hacia el campo del equipo rival, las cosas cambian radicalmente. La gente que ves por la ventanilla –por lo que dice y los gestos que te hace– se nota que ya no te quiere tanto... [risas]. Es algo normal, casi todo el mundo le tiene ganas a los equipos grandes.

• No permito que ser futbolista de élite me impida hacer vida normal. Soy completamente urbanita. He intentando vivir en un chalet de las afueras, apartado de todo el follón, como hacen muchos de mis compañeros, pero –al final– he acabado volviendo al centro. Me gusta poder pasear por la ciudad, ir de tiendas, descubrir restaurantes... [como buen vasco, Xabi Alonso es un gran amante de la cocina y, según dicen, un gran entendido en direcciones gastronómicas]. Una ciudad como Madrid te da mucho juego, ¿por qué no aprovecharlo? En Liverpool, por ejemplo, vivía en los Docks [la antigua zona portuaria, reconvertida en zona comercial y de pubs de diseño], muy cerca del museo de los Beatles. Recuerdo que solía desayunar solo, leyendo el periódico, en una cafetería muy tranquila de la zona universitaria.

• Las cosas, desde dentro de un vestuario, no se ven tan magnificadas como desde el exterior. En mi día a día, lo normal es compartir mesa o charla con gente como Cristiano Ronaldo, Kaká o cualquier otro de mis compañeros. Es algo tan cotidiano como pasear con mi mujer o dar de desayunar a mi hijo. Soy consciente de que millones de personas idolatran a los futbolistas, pero acabas no pensando en ello. Te acostumbras. Eso sí, algunas veces escuchas las locuras que se dicen por la tele y te partes de risa. Yo esto lo acepto como una parte más del juego.

• Cuando era pequeñito, mi padre [Periko Alonso, ex jugador del Barça y de aquella Real Sociedad que ganó dos Ligas a principios de los ochenta], que entonces estaba terminando su carrera en el Sabadell, nos llevaba a mi hermano [Mikel Alonso, también futbolista, actualmente juega en el Tenerife] y a mí al campo de entrenamiento los sábados por la mañana. Como no había colegio, pues allí nos dejaba, en una esquina del césped. Le veíamos entrenar y dábamos unas patadas a un balón. Son mis primeros recuerdos ligados al fútbol.

• Pasar de cuartos en la última Eurocopa fue como una liberación. Antes, cada vez que llegaba cualquier competición, siempre la misma canción: "¿Pasaréis de cuartos? ¿Pasaréis de cuartos?". Pues sí, pasamos, contra Italia y en los penaltis. Nos quitamos tal peso de encima que luego ya pareció hasta fácil ganar la Eurocopa. Salió todo redondo, perfecto; se hizo todo bien desde los primeros pasos del camino. Fue una auténtica gozada.

• Hasta los 17 años, jugué en un equipo de barrio. El Antiguoko, un club juvenil de la parte vieja de Donosti. Allí coincidí con gente como Aduriz, Iraola o Arteta, que también juegan hoy en la élite. En ese sentido, soy un futbolista bastante atípico porque no me integré en una estructura profesional hasta bastante tarde, cuando fiché por la Real. Recuerdo que salía con la cuadrilla de amigos, jugaba al frontón, iba a la universidad, estudiaba en una academia de inglés... todo muy normal. Muchos de mis compañeros del Real Madrid o de la Selección –con apenas doce años– ya estaban integrados dentro de clubes totalmente profesionales, absorbiendo un entorno y un ambiente completamente distinto al que yo viví. No digo que esto sea mejor o peor, pero sí diferente.

• Jugar en el Liverpool es algo especial. Existe una conexión muy íntima entre afición y jugadores. Es un club que ha sufrido muchas tragedias y eso les ha unido mucho. Recuerdo un partido de octavos de final de la Champions –justo el año después de haber ganado la Copa de Europa–; el Benfica nos dio un repaso tremendo y nos eliminó 0-2 en nuestro campo. Cuando el árbitro pitó el final, en vez de silbarnos, todo el estadio se puso en pie para cantar al unísono el You’ll never walk alone. Se me puso la piel de gallina.

• El nivel que ves en la Selección española es altísimo. En los rondos de los entrenamientos, el balón corre muy muy rápido. Cuando llega alguien nuevo al equipo, ves enseguida si va a poder estar al nivel o no. ¡Y vaya sí lo están...! Hay una generación de futbolistas increíble, pero lo mejor de todo es el poco egoísmo que impera. Los egos no importan, todos tenemos demasiadas ganas de aportar, de sumar y crecer.

• Tenemos que afrontar el reto de Sudáfrica con los pies en el suelo; humildes, como siempre hemos sido. Hay que estar tranquilos y entender que la derrota forma parte de la vida, no puedes obsesionarte. Puestos a elegir, preferiría no cruzarme demasiado pronto con Brasil, un equipo al que respeto mucho. Parece que no hacen nada, pero siempre llegan muy lejos en los Mundiales; tienen además el peso de la Historia y el éxito de su parte, lo que les permite competir con mucha soltura. Prefiero esquivarlos.

• Mis primeros recuerdos de seguir un Mundial por la tele son los de Italia’90. Tenía nueve años. Me acuerdo de Maradona llorando, desolado en el centro del campo tras perder la final contra Alemania. También se me quedó grabado el hat-trick
de Míchel a Corea y el gol de falta de Stojkovic que nos eliminó.

• Mi padre jugó en el Barça. Y yo en el Real Madrid. ¿Que qué le digo? "Aita, nueva generación, nuevos objetivos, nueva etapa".

Entrevista realizada por Daniel Entrialgo. Fotografía de Diego Martínez.

Además puedes encontrar esta entrevista en Esquire 29, abril de 2010 en nuestra tienda online (http://spainmedia.es/store/revistas/esquire-29/).
No todo está perdido en las relaciones tóxicas
Los 6 tips para casarse con estilo en Las Vegas
Ocho alimentos que no son lo que dicen ser
Beber alcohol, ¿Un estilo de vida saludable?