Esquire en Facebook
Esquire en Instagram
Esquire en Google Plus
Esquire en LinkedIn
Newsletter
20 Minutos

Vida y milagros del Madrid de Valle-Inclán y el moderno esperpento

JAIME DE LAS HERAS | 19/3/2017
No hay mejor guía que uno pueda tener para conocer Madrid que alguien que no haya nacido en ella. El madrileño, por regla general, tiene por vocación el descuidar a su ciudad para tenerla bonita para los visitantes y que se prenden de ella. El madrileño, de hecho, da por sabido lo que la ciudad ofrece y se presta sólo a mirarla desde el mostrador con un gesto de ‘sí, ya lo sé’.

Por eso la mejor forma de surcarla –aunque no tenga mar- es hacerlo de mano de alguien que se enamoró de ella sin haberla mamado. Afortunadamente no son pocos los que pueden presumir de ese carnet de madrileño por hecho (y por derecho) que pueden hacer de Cicerón a nativos y visitantes.

Nombres hay para exportar. Desde Benito Pérez Galdós hasta Pío Baroja, pasando por el que hoy nos ocupa, Don Ramón María del Valle-Inclán, la capital se presta a ser reconocida por todo aquel que alguna vez se enamoró de ella.

Don Ramón María además nos la transfiguró a través de los cristales y los espejos del Callejón del Gato para crear eso que llaman ‘esperpento’. Gen intrínseco del madrileño por extensión, del español, aunque algunos no lo quieran. El esperpento consiste en deformar la realidad nunca como caricatura pero sí como la auténtica realidad. Una suerte de embriaguez en la que nunca nos reconoceremos desde fuera pero que por dentro admitimos como propia.

La misma que llevaba dando tumbos a Max Estrella y a Don Latino de Hispalis (ironías de la geografía) a buscar la tumba fría e inhóspita que Madrid concede a todos. Independientemente del origen, de la procedencia o de cuán alta sea la cuna del nacido, Madrid equilibra y pondera. Nada es extraño ni nada es extraordinario. Capital de modestos e inmodestos, la capital de Valle-Inclán no dista tanto del fulgor de la Madrid actual.

Sí. Los teatros han dejado paso a los cines. Y estos a su vez a las tiendas. Las cafeterías de toda la vida sucumben a los pies de las franquicias y a cada paso que das un móvil a todo volumen habrá.

Puede que al final Don Ramón María estuviera equivocado con su percepción del esperpento y comprendiera que no era para tanto. Eso, o puede que hoy tirara de bastón y no dejara títere con cabeza desde Cibeles hasta Princesa abriéndose paso a bastonazos.

Nunca lo sabremos pero lo que sí podemos hacer es aprovechar la exposición sobre este genial gallego en el Círculo de Bellas Artes. Madrid le debe mucho a Valle-Inclán, posiblemente más de lo que él habría pensado y cuánto menos, todos alguna vez nos hemos sentido Max Estrella, aunque simplemente hubiéramos acabado estrellados.

Así que recordad las fechas, del 24 al 26 de marzo el Círculo de Bellas Artes se llena de Valle-Inclán y ¡ay del que no se entere!
La proteína Sandman, la temida protagonista de nuestro despertar
¿Cuáles son los países en los que más se lee?
12 rasgos que te hacen más inteligente que la media
Déjate querer por Barceló Bilbao Nervión