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Entrevista a Mikel Erentxun bajo su sombra

CARLOS H. VÁZQUEZ | 16/5/2017
Como el verano que pasó, el polvo del cristal se difumina y ahora dibuja cicatrices de barro sobre el vidrio. Al fin y al cabo, el limpiaparabrisas barrerá las líneas marcadas y todo será una canción enterrada en algún bar.

Dice Mikel Erentxun (Caracas, Venezuela, 1965) que lleva treinta y dos años huyendo de sí mismo. Bueno, tal vez exagera un poco, pero sí es cierto que ha tardado un tiempo en aceptarse a sí mismo como cantante. Paco Loco, productor de sus dos últimos discos: Corazones (Warner, 2015) y El hombre sin sombra (Warner, 2017), le aconseja que se admire, que está cantándole al mundo lo que le está pasando de verdad. Y eso no tiene precio, sobre todo cuando cada letra del disco tiene el mismo destinatario (y, tal vez, acuse de recibo). Nuevos discos, distintas estrategias del corazón.

Ahora mismo, cuando hablas del corazón, ¿a cuál de ellos te refieres?

Bueno, éste es un disco de amor y también conceptual, pero centrado en el corazón más sentimental. Habla de mí y nace de mi historia personal, aunque va un poco más allá. He procurado hacer una especie de tratado del amor, sobre todo del amor de largo recorrido y lo que pasa con ellos cuando hay hijos de por medio, separaciones, divorcios… Un amor más adulto.

¡No me digas que te estás separando!

No, no, pero he estado al borde. Afortunadamente, ahora puedo presentar un disco muy triste y muy de desamor, pero el año pasado fue duro: la separación estaba flotando, me sentía como en una montaña rusa (un día estaba bien y otro estaba mal)… Pero ya estoy bien, con lo cual tengo que hablar del pasado, aunque podría separarme mañana. El amor es así, de eso habla el disco. Me apetecía hacerlo y al final he encontrado un filón en mí mismo. Llevo ya dos discos hablando de mí y, en los dos, además, hablo del corazón.

Entiendo que las letras son tuyas y no de Jesús María Cormán.

Eso es. Es el segundo disco en el que el cien por cien de todo lo que pasa es mío (música y letra). Me encuentro más a gusto y esto me obliga a cantar, quizás, de una manera más honesta. Es posible que mis letras no estén a la altura de las de [Diego] Vasallo o Cormán, que son los escritores con los que he trabajado, pero son mías, y eso, creo, es lo que le da un punto de credibilidad importante al asunto.

Sobre Corazones, me dijiste que no te diste cuenta de que estabas hablando de ti hasta que habías terminado el disco.

Sí, aunque con éste (El hombre sin sombra) no ha sido tanto así, porque desde el principio yo ya estaba muy mal. Al final, escribir me sirve un poco de terapia (en vez de desahogarme en un diván, escribo letras). Este tipo de canción sale en los momentos en los que uno está fatal, pero un día, de repente, hay una reconciliación y acaba saliendo una canción alegre.

¿Aunque se quede fuera?

Hay canciones que se han quedado fuera, pero ha sido más bien por un criterio de calidad (entendía que no eran tan buenas). Es verdad que la idea del principio era hacer un disco más homogéneo y más coherente o más reducido que Corazones, que era un disco doble, más ambicioso, y en el que dábamos a muchos palos, pero aquí ya he querido hacer un disco más concreto de diez o doce canciones (Paco Loco y yo teníamos esa premisa). Al final, presenté una maqueta de dieciséis canciones y grabamos trece.

Me llama la atención que en los tres primeros temas (El principio del final, Cicatrices y El amor te muerde) se hable tanto de caer. También es verdad que al protagonista de Cicatrices le crecen las alas, pero luego está Azar y física, donde lo primero que se escucha es "las leyes de la gravedad".

Así se siente uno cuando está cayendo. He pasado un año entero cayéndome y, como relata Cicatrices (quizá la canción más optimista del disco), hay días en los que me levanto y pienso que da igual, porque ya me he curado y porque voy contra viento y marea. Lo malo es que ese sentimiento no dura demasiado, entonces vuelvo a caer otra vez y me planteo –como digo en El principio del final, el primer tema- si soy yo el que se ha caído o si "eres tú la que me ha empujado". Estoy hablándole a mi pareja todo el rato.

De ahí los coros de Maika Makovski, ¿no?

Sí. Al principio, la intención era meter los coros de una chica. Paco tuvo una idea muy buena cuando le expliqué de qué iba el disco y le mandé las canciones. "Yo, ahí, veo una voz femenina", me dijo. Entonces, hicimos un pequeño listado de cantantes favoritas y la primera fue Maika. Tuvimos mucha suerte, porque nos dijo que sí, aunque había dos más por detrás como plan B y plan C. La voz femenina tiene un peso importante y en este caso ha recaído en Maika. Queríamos que este disco tuviera ese punto femenino que no hay en mi discografía, salvo en algún coro esporádico de alguna canción. En su momento hubo gente que lo hizo así, como Gram Parsons (con Emmylou Harris), Johnny Cash (con su mujer June Carter), Leonard Cohen, Julio Iglesias... Siempre tenían un contrapunto femenino en sus canciones. Diego Vasallo, por ejemplo, sí lo había hecho en Criaturas, su primer disco en solitario después de Cabaret Pop, pero yo no lo había hecho nunca. Y además, no queríamos coros femeninos en plan coristas, sino que queríamos que fuera como una conversación. De hecho, El principio del final es casi más un dúo que un coro.

En Y sin embargo te quiero parece que te estás declarando. Los coros de esa canción están más por debajo y ella, de hecho, nunca te da una respuesta.

Es cierto. La voz de Maika en Y sin embargo te quiero está al nivel estándar, donde estaría un coro en cualquier disco, pero en las demás canciones está mucho más alta porque sentíamos que debía tener un protagonismo importante. El primer tema es un dúo donde dos personas cantan la misma canción, pero no haciendo una armonía, sino una lead vocal. Si quitas mi voz y dejas la de Maika, la canción funciona. Y si quitas la de Maika y dejas la mía, la canción sigue funcionando. Y si metes las dos, se complementan y ganan.

Pero Maika iba para hacer un par de temas y al final fueron ocho.

Sí. Al final ha cobrado tanta importancia que nos hemos visto obligados a meter una chica en directo. Pero Maika no puede ser, desgraciadamente, así que ahora mismo estoy buscando una chica para los conciertos, algo que no he llevado nunca. Bueno, con Duncan Dhu llevábamos a Ester Godinez, pero yo, en solitario, nunca he llevado a una chica. Además, no quiero que sea una corista, sino que la guitarrista de la banda sea una chica.






Aparte de Maika, ¿qué voces teníais en mente como favoritas?

(Piensa) Bueno, te lo voy a decir porque es la verdad. Teníamos a Maika como la número uno, después estaba Zahara como número dos, y Mai Meneses (Nena Daconte) como número tres. Y ahí se acababa el listado. ¡Ah! También teníamos en la lista a Anni B. Sweet. Eran las cuatro que manejábamos, pero la única con la que hablamos fue con Maika Makovski.

Te lo pregunto porque cada una puede tener una afinidad distinta a ti.

Todas las que teníamos ahí eran muy poco afines a mí, por eso me parecía un reto enorme cantar con Maika, porque, primero, está en un mundo muy distinto al mío. Segundo, porque nunca ha cantado en español, al contrario que todas las demás que te he dicho, que sí han cantado en español y han colaborado con otra gente. Pero Maika era como algo virgen, con lo cual, el reto era mayor. Estoy absolutamente enamorado del personaje y de la persona. Es que, como persona, Maika es un diez, y esa fue la sorpresa terrible; me la imaginaba como una diva del mundo indie, como más difícil de tratar, pero es la persona más cercana y más asequible que hay. Es muy hippie, es encantadora… y luego, como artista, es top. Estoy muy orgulloso de tener a Maika en mi disco. Además, cuando le mandé la maqueta, lo primero que me preguntó era si estaba bien, igual que Enrique [Bunbury] cuando escuchó el disco: "Mikel, estoy preocupado por ti. ¿Estás tan mal?" (risas). Estoy encantado de conseguirlo, porque es lo que quería transmitir. Si no, fíjate que frustración, ¿no? Maika me dijo que le gustaban las letras y que se sentía identificada porque había pasado por algo parecido. Probablemente, eso fue lo que le animó –digo yo- a participar en el proyecto.

En Enemigos íntimos, la canción que cierra, también tiene coros, pero de niños.

Ahí salió la idea –no recuerdo si de Paco o mía- de meter voces infantiles, que es algo que tenía en la cabeza desde que escuché a The Smiths hacerlo varias veces, como en Panic (Hang the DJ), por ejemplo. Siempre me gustaron esos coros aunque no tenía sitio donde meterlos, pero como esta canción era la que iba a cerrar [la letra dice "el principio y el final"] y la que abría se titula El principio del final, nos pareció que iba a estar muy bien acabar con un coro de niños, porque era como algo inocente, muy angelical. Paco conocía a unos niños que cantaban en Cádiz y coincidió que estaban mis hijos de vacaciones y que me habían venido a visitar, así que también cantaron. Es otra cosa que me gustaría hacer en directo, como los Stones cuando sacan la coral. Por lo menos quiero hacerlo en los conciertos importantes o en las ciudades donde haya coros infantiles o algún colegio. Sería llamarles y decirles si les apetece venir y cantar treinta segundos en una canción.

¿Es posible que en Deshielo haya un guiño al Just like Heaven de The Cure? Además, volvemos a lo que decíamos antes de las caídas y del cielo.

Sí. Además, Deshielo es una de mis canciones favoritas. En ella, Maika metió unos coros que tienen su historia: Cuando grabamos los coros "normales", Maika dijo que tenía una idea, entonces fue cuando grabamos los "coros de gata". Después, en las mezclas, Paco y yo vimos que los coros se llevaban la canción a otro mundo y no sabíamos si ponerlos o no. Como la canción tenía tres estribillos, al final decidimos dejar los coros en el último estribillo, bajitos, como una forma de testimonio. Y ahí los dejamos hasta que me llevé el disco a casa. Cuando llegué, de repente me di cuenta de que me había quedado con el "gallito" que puso Maika en los coros, así que llamé a Paco y le dije que había que dar marcha atrás porque ese era el hook del disco. Él me dijo que había pensado lo mismo, con lo cual tuvimos que sacar la pista e insertarla en la mezcla, pero eso fue cuando me fui a Nueva York para masterizar el disco. Ahora, los coros están en su sitio, donde los dejó Maika. Y o los odias o los amas. He oído a gente decir que son una maravilla y a otra gente que dice que me he cargado la canción con ellos.

Hombre, entiendo que choque y que no te esperes esa voz, pero tanto como para haberse cargado la canción…

Hay un periodista reputado al que admiro mucho que directamente me dijo que no podía con esa canción por el coro. Pero es que a Maika hay que meterla con todas las consecuencias, porque tiene una personalidad muy importante. En el single (Cicatrices) hay unos coros como con voz "de rata" que también fueron una propuesta suya. Me parecieron maravillosos.

Con Corazones estabas en otra etapa, como lo fue Duncan Dhu, el primer Mikel Erentxun en solitario y el que empezó con Detalle del miedo. Sin embargo, este disco me lleva a pensar que estás en una nueva.

Bueno, a mí me gusta mucho asociar las cosas en trilogías. Y tendría sentido, porque hubo una etapa que acabó con Corazones y ahora empieza una nueva con El hombre sin sombra. Además, después de Corazones hubo ese disco en directo (A corazón abierto) que es como un punto de inflexión. Sí puede ser una nueva etapa. Desde luego, siento que he aprendido mucho con estos tres discos y que esto es una suma. De hecho, este disco es un resumen de los tres.

Y te diría que tiene cosas de 24 golpes

Sí, sí. Por ejemplo, tiene el rollo analógico y la austeridad máxima que había en 24 golpes.

¿Como en Libélulas?

Te iba a decir que es de mis favoritas, pero es que me gustan todas. Creo que Libélulas es la canción de amor (positivo) más bonita que he escrito nunca, sobre todo porque es hipersentido. O sea, para escribir una canción de amor hay que estar enamorado y sentir lo que dices, y eso, muchas veces, no es así. Yo he escrito en Duncan Dhu y en solitario canciones de amor pero inventadas, tirando de clichés, pero cuando escribo una canción pensando en lo que le estoy diciendo a la mujer que amo y salen las palabras, de repente cobra otro sentido, que es lo que pasa en Libélulas.

¿Cómo nace la canción?

Nace en la furgoneta, de gira, como la canción indica. Es una canción en la que le estoy diciendo a la persona a la que quiero cuánto la echo de menos cuando estoy de gira. Estoy fuera de casa, viviendo una cosa que es lo que más me gusta, que es tocar, pero la estoy echando de menos.

Bunbury cantaba: "Al final, para un hombre de mundo, es muy exótico volver a casa". ¿Es así en tu caso?

También. El año pasado estuve más tiempo fuera de casa que en casa. Probablemente, eso fue parte de la crisis. Es muy difícil llevar bien una vida de pareja y de familia numerosa, como es mi caso, con la vida nómada de los que nos dedicamos a esto. De hecho, me costó mi primer matrimonio y ha estado a punto de costarme el segundo. Es complicado. Creo y espero haber llegado a la fórmula de cómo llevarlo.

¿Te dieron a elegir entre la carretera y el matrimonio?

Afortunadamente no, no me han dado a elegir. Otra cosa es que yo, en un momento dado, me haya visto obligado a elegir, pero no ha sido el caso. En ningún momento me han puesto entre la espada y la pared.

Hablando de parejas, Dos estrellas me recuerda mucho a Marcos y Nerea, aunque en este caso los protagonistas se llaman Juan y Eva.

Sí, un poco. Además, es la canción menos autobiográfica del disco; no tiene una letra social, pero sí es un poco narrativa, como era Marcos y Nerea. De hecho, buscaba dos nombres femeninos para Dos estrellas, pero escuchando una canción de Amaral en la radio recordé que ellos son Eva [Amaral] y Juan [Aguirre] (aunque en la radio siempre los presentan como Juan y Eva). Espero que no se molesten, porque es una canción pensando en sus nombres y no en ellos. De todas formas, la canción era más trágica. Cuenta un enamoramiento, pero había una cuarta estrofa en la que los protagonistas morían atropellados por una camión. Decidimos quitarla en el estudio y que simplemente se quedara como una historia sobre un enamoramiento y no como una historia trágica.

¿Por qué les aplastaba un camión?

Porque la escribí un día que estaba hecho mierda. El amor es muy bonito, pero al final viene un camión y se los lleva por delante.

Juan, igual que Marcos, tiene esa cosa del extrarradio, como de perdedor. En cambio, Eva y Nerea son distintas. Eva va a Madrid en el coche de su madre para estudiar en la Universidad y Juan trabaja en un bar.

Sí, trabaja en un bar y viene en autobús. En cambio, ella va en el coche de su madre y estudia en la Universidad. Son dos mundos distintos. Me gustan los cruces de mundos distintos.

Y tanto Juan como Marcos tienen aire de perdedores pero asumiéndolo.

Es posible. Hombre, la imagen del perdedor es más atractiva que la del ganador, sobre todo a la hora de escribir. Cinematográficamente da mucho más juego.

¿Te has sentido perdedor?

Yo me siento muy ganador y muy afortunado en general, pero sí que el año pasado, durante muchos días y muchos meses, me he sentido un gran perdedor.

Pero no tanto como para dejar de hacer canciones…

No, no. Al revés. Las canciones son la medicina.

¿Cuándo pensaste en volver a producir con Paco Loco: Antes de hacer las canciones o después?

Mucho antes. Cuando terminé Corazones ya supe que Paco Loco iba a estar durante mucho tiempo en mi vida. Me parece que es la persona que ha sacado lo mejor de mí. He trabajado con productores mucho más reputados que él, mucho más famosos y mucho más caros que han hecho grandísimas cosas, pero yo creo que lo que ha hecho Paco no lo ha hecho nadie. Sabía que este disco iba a ser con Paco, como sé ahora mismo que el siguiente, si todo sigue igual, volverá a ser con Paco. En algún momento cambiaré, porque me gusta probar cosas distintas, pero hacer una trilogía Paco Loco sería bueno.




¿Sigues buscando tu Rick Rubin, como hizo Johnny Cash?

Sí, no me puedo morir sin trabajar con Ethan Johns. He hablado dos veces con él vía mail y las dos veces han sido para intentar que me produjera, pero amablemente ha declinado la oferta. Me rechazó en Detalle del miedo y en 24 golpes. En Corazones ni lo intenté, igual que en éste (El hombre sin sombra), pero habrá un tercero, seguro. Me parece el mejor productor vivo que existe o, por lo menos, lo que él ha producido figura entre lo que más me gusta del año 2000 hasta ahora, que es cuando ha empezado a producir: empezando por lo que se hace a sí mismo, siguiendo por Ryan Adams, Ray LaMontagne, Kings of Leon… y un largo etcétera. Ha coincidido en un montón de discos que me gustaban. Lo seguiré intentando. Y Paco ha hecho muchísimo. En este disco ha hecho dos cosas inmensas: Primero; me ha hecho valorarme a mí como cantante. Yo, que llevaba una cruzada de huir de mí mismo en esta nueva etapa (en Detalle del miedo empecé a cantar más grave, en 24 golpes fue romper la voz, en Corazones tratamos la voz con efectos y cosas…), para este disco me dijo: "Pero si eres Mikel Erentxun y cantas de puta madre. La gente te admira, tienes fans… Tienes que ser tú y más en este disco, que estás hablando de tus sentimientos". Insistió y le costó mucho, porque yo no lo veía nada claro, pero ha conseguido que yo cantara como canto normalmente, sin tratar de ser otra cosa. Creo que ese ha sido su mayor logro. Y luego, su segundo mayor logro, es la idea femenina. Son dos grandes ideas. Con lo cual, entiendo que voy a seguir trabajando con él. Corazones fue un disco que hicimos a golpe de influencias, pero aquí no me dejó. "Eres Mikel Erentxun y tienes tu propia personalidad, una carrera…". Paco Loco me ha ayudado a aceptar que tengo una forma de cantar, una forma de escribir y una personalidad que, me guste o no, está ahí. ¿Para qué voy a seguir huyendo? Llevo treinta y dos años y ahora voy a ser yo mismo. Éste es el disco "más yo mismo" que he hecho en mi vida.

Pero en Azar y física hay una referencia a Simon & Garfunkel que me recuerda a The boxer

Sí. También lo metí en una canción mía (En el sur). En este disco hay muchas referencias a mí mismo, al igual que a otras canciones. Aparece lo de "la mañana de mañana" (Mañana), El corredor de la suerte, "el viejo cantante de Rock"… y alguna más que se me escapa. Hablo mucho de mí mismo, de pequeñas referencias… Y sí, evidentemente, Azar y física tiene mucho de Simon & Garfunkel. Uno no puede huir de sus influencias, pero esas influencias están ya incrustadas en mi personalidad. Me encantan los Kings of Leon y he intentado sonar como ellos alguna vez, pero ahí sí que estaría forzado. Pero que yo suene a Simon & Garfunkel me parece normal porque yo crecí con Simon & Garfunkel. O sea, hay ciertas influencias que ya están dentro de la personalidad mía y de Duncan Dhu que ya no son ajenas. De hecho, cuando miro para atrás, veo que los patinazos de Duncan Dhu o míos han surgido cuando hemos tratado de ser cosas muy diferentes a aquellas con las que crecimos, como cuando hicimos Supernova. Ahí es cuando hemos patinado, pero cuando hemos sido más cercanos a las influencias originales es cuando todo ha sonado de una manera más natural.

Pero hablas de discos que no tienen que ver con el principio, que es cuando un grupo o un cantante suena a sus influencias más inmediatas.

Hablo en general. El primer disco de Duncan Dhu (el mini LP titulado Por tierras escocesas) tiene mucha personalidad. Se notan muchas influencias, pero suena muy original. Ahí ya conseguimos marcar un estilo. Y no te digo ya en el segundo (Canciones) y con la canción Cien gaviotas. De hecho, cuando la gente piensa en Duncan Dhu piensa en el sonido. ¡Muchas veces se dice que algo "suena a Duncan Dhu"! Desde el principio, yo creo que Duncan Dhu tuvo mucha personalidad. El error, o no error, fue cuando intentamos probar otras cosas.

Y has tardado treinta y dos años en aceptarte a ti mismo…

Sí, todo el tiempo que llevo en la música. Bueno, es una exageración, porque cuando empecé en Duncan Dhu estaba muy contento conmigo mismo. Empezó a no gustarme mi voz a mitad de mi carrera en solitario, cuando de repente escuché discos antiguos y pensé que eran un horror. Creo que el primer disco en el que ya no me siento mal es en El corredor de la suerte.

Que encima era doble.

Sí. Y después está Te dejas ver, que es el disco en el que decido que no me gusta mi forma de cantar. En El corredor de la suerte apunto un poco más, como en Ciudades de paso. Pero no ha sido hasta ahora, hasta este disco, cuando he encontrado mi sitio. En los tres últimos ya huí descaradamente.

Entonces, ¿ahora estás en paz contigo mismo?

Sí, ya estoy en paz conmigo mismo. Y, afortunadamente, mi situación sentimental ha mejorado, porque ahora podría estar presentando el disco diciendo que me he divorciado y que éste es el disco de mi divorcio. Estoy atravesando un buen momento personal y profesional, estoy muy orgulloso de mi disco. Además, me encanta que los discos sean el reflejo de una época, como álbumes de fotos, un álbum familiar. Dentro de veinte años, cuando mire Corazones, sabré que ese disco fue de cuando me dio el ataque al corazón y que el siguiente, El hombre sin sombra, es cuando casi me divorcio. O como cuando cumplí 30 años y publiqué El abrazo del erizo. Me gustan esos discos, pero no todos son así, como Naufragios. Corazones, El hombre sin sombra y El abrazo del erizo, por eso, son mis tres discos favoritos, porque son muy conceptuales y muy atados a algo que me pasó.

¿No hay ninguna canción que se titule El hombre sin sombra?

Sí, la hay. Y, además, va en el CD de una manera oculta. Es un hidden track.

¿Tiene que ver con la sombra del árbol que te cobijó cuando te dio el infarto?

No, aunque el tema de las sombras siempre me ha atraído mucho. Entiendo que un hombre y su sombra es un todo. En este caso me faltaba el amor y era como un "hombre incompleto", pero la sombra me gustaba mucho por la poética del hombre sin sombra, como el vampiro que "se mira al reflejo" y no se ve y siente que le está faltando algo. A mí me faltaba el alma, la sombra… Era un hombre desolado. Después de esto me hablaron de varios libros que tratan sobre personajes que vendieron su sombra, como Lucky Luke, que era más rápido que la suya. La sombra va pegada a ti pero tiene su propia personalidad, y yo me sentía un hombre sin sombra.

Supongo que tu mujer ha escuchado el disco…

Sí, claro. Es la primera vez que le hago un disco a una persona. Todo el disco está dedicado a mi mujer.

¿Con el disco te has jugado el matrimonio?

Sí. Cuando escuchó el disco Enrique Bunbury -como te decía- lo primero que me dijo fue: "¿Qué tal estás?". Cuando se lo di a mi mánager me dijo que mi mujer me iba a mandar a la puta mierda cuando lo escuchara, aunque, la verdad, a mí me daba igual; yo escribí el disco que pensaba que tenía que escribir. Curiosamente, a mi mujer le gustó mucho, porque sintió que estaba siendo muy honesto, aunque echa en falta, por ejemplo, que no haya ninguna canción de perdón y de arrepentimiento, que es lo que me echa en cara.

Le puedes decir que la mejor canción de perdón es la que está por escribirse.

Ha coincidido que Sole Giménez me pidió una canción para un disco que va a salir ya. Como esto fue pegado al mío, hice un tema para ella que se llama Rosas rojas. Es una canción que podía haber estado tranquilamente en El hombre sin sombra. Ahí ya hablo de perdón y de arrepentimiento.

FOTOS: J. M. RODRÍGUEZ
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