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No te preocupes, tener pesadillas es normal

PABLO GRIS | 17/7/2017
Se suelen asociar a la infancia e incluso a personas de carácter débil. Sin embargo, las pesadillas son experiencias normales para cualquier persona, ya sea adulta o emocionalmente muy fuerte. Porque todos hemos sido niños y todos sabemos lo que es levantarse en medio de la noche llorando.

Las pesadillas se producen en la misma fase que los sueños, es decir, la fase REM o "fase de movimiento ocular rápido". Durante esta fase el cerebro tiene una alta actividad, similar a cuando estamos despiertos. Durante dicha fase, el cerebro produce imágenes basadas en nuestras experiencias y vivencias, aunque no siempre las recordemos.

El hecho de que un sueño se transforme en pesadilla se puede deber a causas tanto físicas como psicológicas. Las primeras, las causas físicas, son más controlables y predecibles. Pueden darse por fiebre alta o por una alteración de la digestión, pues comer mucho antes de dormir puede aumentar el metabolismo del cuerpo y, por tanto, la actividad cerebral.

Por otra parte están las causas psicológicas. La ansiedad y el estrés están muy asociadas con las pesadillas. En ese sentido, cuando algo nos preocupa, esto puede generar pesadillas y alteraciones del sueño. Por supuesto, experiencias traumáticas o momentos de tensión, como ver películas de miedo o sustos durante el día también pueden ayudar a padecer una pesadilla nocturna.



La ingesta de drogas o sustancias estimulantes como el café pueden aumentar el metabolismo durante el sueño y tener el mismo efecto que la ansiedad o el estrés causado por motivos intrínsecamente cognitivos.

En verano también son frecuentes, pues el calor y la sudoración durante el sueño alteran a todo el organismo y pueden producir pesadillas angustiosas en las que uno se ahoga o le falta el aire.

Debido a que las pesadillas por causas mentales, es decir, preocupaciones, miedos o experiencias difíciles, son mas habituales, esto explica que los niños tengan pesadillas más frecuentemente. Ellos entienden menos el mundo que les rodea y su desconocimiento les lleva al miedo. En su caso, sus preocupaciones se reflejan en pesadillas en las que se encuentran solos, en sitios oscuros o perseguidos por entes grandes y desconocidos.



Entre los adultos, las pesadillas se asocian a situaciones más verosímiles que las de los niños. No llegar a un vuelo, perder el trabajo, sentirse perseguido, intentar gritar y que no salga la voz, no poder moverse o encontrarse frente a animales como arañas o reptiles.

En el caso de tener pesadillas frecuentemente se recomienda acudir a un especialista para descartar patologías serias como apneas o el efecto secundario de fármacos. En el caso de que tenga que ver con malos hábitos, esto es fácilmente solucionable, pero si las pesadillas se deben a causas psicológicas, estas necesitan la ayuda de un profesional para entender y solucionar el problema.

Las pesadillas, aunque molestas y angustiosas, son normales y el padecimiento de ellas no significa nada preocupante, siempre y cuando estas sean puntuales y no repetitivas. Éstas nos recuerdan que tenemos cierto punto de vulnerabilidad y, quizás, cierto punto de niños pequeños que se esconden bajo las sábanas, como si eso nos salvase del monstruo que hay dentro del armario.­­
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