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Faemino y Cansado o la supervivencia del dúo

Ángel Javier Pozuelo Gómez (Madrid, 1957), conocido como Javier Cansado, y Juan Carlos Arroyo Urbina (Madrid, 1957), como Carlos Faemino, han llegado hasta la actualidad como un dúo de humoristas que todavía mantienen la idea del principio y la amistad después de treinta años.

CARLOS H. VÁZQUEZ | 26/7/2014
Faemino y Cansado estuvieron muy presentes en la pequeña pantalla apareciendo en Cajón desastre o Tutti Frutti, pero fueron algunos especiales (como El orgullo del tercer mundo) los que asentaron su continuidad dentro del panorama televisivo. Después vino el teatro y la consagración definitiva. Nunca se han ido y es por eso por lo que siguen todavía representando su show a través de las décadas (actualmente, ¡Como en casa ni hablar!]. Carlos y Javier hablan del humor como oficio y de la risa como herramienta.

Me llama enormemente la atención que digáis que tenéis una fama de segunda categoría…
Javier Cansado: Claro, es que es un hecho objetivo. Los millones de espectadores -el gran público- tienen un gusto o un baremo que nosotros no cumplimentamos. Digamos que no es una cuestión de calidad, porque nosotros pensamos que somos los mejores del mundo y de la historia (risas), pero el público… De hecho, nosotros nunca hemos tenido un programa de Nochevieja, digamos. O sea, lo que le gusta a la inmensidad del público no somos nosotros, y hasta ahí. Quiero decir que nosotros somos estupendos, pero nuestro rollo es un poco… Es otro. Obviamente no es minoritario, sino, como se decía antes, una minoría mayoritaria.

¿Al gran público le interesaría más el humor blanco?
Carlos Faemino:
Bueno, en nuestro caso es lo que cultivamos, ¿no? Es el material que utilizamos. Es verdad que no es un humor comprometido o revolucionario, pero luego, si nos conoces y nos sigues, ves que tiene una carga especial. Hay gente que tiene un humor blanco o revolucionario, pero en nuestro caso se podría decir que está entrevelado.

Hombre, diría que sois pioneros, pues hubo un tiempo en el que los humoristas no aparecían en los teatros. Algo con lo que rompisteis, por cierto.
Javier Cansado: Sí. El hábitat habitual del humorista era la sala de fiestas. De hecho, en los teatros actuaban Les Luthiers; cuando venían a España, Tricicle; que tenían un marchamo de teatro, y Pepe Rubianes. No había más y tampoco ninguna otra posibilidad. Nosotros nos negamos, porque el ambiente que había en las salas de fiesta no nos gustaba, por lo que hicimos algún centro cultural de barrio y tal, que era el rollo que nos gustaba. Ya sabes, ¿no?; la tranquilidad de las butacas y eso, pero era imposible. Era imposible a todo punto. Alguna vez entramos en algún teatro, justamente al del Tricicle en Barcelona, o como cuando nos llevaron al Teatro Victoria en las sesiones golfas…, pero era, como ya te digo, imposible. Empezamos, de pronto, en Pamplona, en el Teatro Gayarre, y funcionó de manera inmejorable. Estuvimos cuatro días y llenamos de narices. Había mucha gente, pero los primeros que flipamos fuimos nosotros, claro (risas). Después fuimos al Teatro Olympia de Valencia y también llenamos otros cuatro días. "¡¿Qué estaba pasando ahí?!", nos preguntábamos. A raíz de eso conseguimos plantarnos, actuar y puntear en los teatros. Y no solo nosotros, sino también los de nuestra generación, como Las Virtudes; que estuvieron haciendo mucho teatro, igual que Ángel Garó… Fuimos una generación que dijo que el marco para actuar no era el de las salas de fiesta, sino el teatro. ¿Que había alguien que quería actuar en salas de fiestas? Muy bien, podía hacerlo, pero había que dejar claro que el sitio para actuar realmente era el teatro. Y se consiguió.


No tuvisteis programa de Nochevieja, pero tampoco salisteis en los programas de José Luis Moreno. Al menos que yo sepa.
Carlos Faemino:
(Risas)

Javier Cansado: Bueno, vamos a ver (risas), nosotros trabajamos en Telecinco durante un año entero. Nos lo pasamos muy bien y fue maravilloso. Recuerdo que había un momento en el que salían las Mama Chicho en la plaza de Tutti Frutti, entonces la cámara enfocaba el culete de una de las Mama Chicho. ¿Qué pasaba?, pues que el siguiente plano que sacaban era la cara de Carlos (risas). Podía salir mi cara, pero era la de Carlos.

Carlos Faemino: Casualidad, casualidad…

Javier Cansado: Con eso, con la cara de Carlos, empezaba un sketch. Después se abría el plano y se me veía a mí. O sea, quiero decir que no hemos salido en los programas del Moreno pero sí en Tutti Frutti y tal, por lo que creo que la dignidad está en lo que haces. Si tú sales en el programa del Moreno y eres fiel a ti mismo, ¿qué problema hay? ¿Qué más da si te pagan bien? (Risas) Y si la serie varía, siempre puedes controlarlo, ¿no? Pero es eso; que la dignidad está en lo que haces. Nosotros empezamos en la calle y hemos actuado en los mejores teatros de España, del estado español –iba a citar el Teatro Arriaga de Bilbao, pero no quiero herir susceptibilidades (risas)-, teatros apabullantes. Nuestra dignidad no es más ahora, por haber estado en esos teatros, que cuando estábamos en la calle, porque la dignidad la llevamos nosotros mismos; en lo que hacemos y en lo que nos sometemos. Entonces, si estás con Moreno y no te sometes a nada pero haces tu trabajo… ¿Qué problema habría? Pues ahí está.

Carlos Faemino: Se puede decir que somos humoristas estancos. O sea, siempre hemos sido independientes, independientemente del espacio en el que nos propusieran estar, y eso es algo que bautizo como humoristas estancos.

También se puede ver como humoristas que invitan al consumo del tabaco. Por eso del estanco y tal…
Javier Cansado:
(Risas) En tiempos sí. Pero fíjate qué cosa más chula, porque Carlos fumaba antes en el escenario, cosa que yo no hacía. Todo eso antes de que se prohibiese, claro. Cuando se prohibió fumar, también en el hall, Carlos dejó de fumar porque le parecía una putada que todos –el público- estuvieran ahí esperando como una hora y media para fumar, así que él lo dejó también.

Carlos Faemino: ¡Aunque sí seguimos bebiendo!

Esquivasteis muy bien aquello del té y el coñac. Os dijeron que era mejor sacar té y al final metisteis coñac en los vasos.
Javier Cansado:
Claro. Es coñac, ¿qué pasa? Es que también hay mucha tontería, ¿sabes? Todo como políticamente correcto.

Carlos Faemino: Exactamente. Es así. No recuerdo dónde fue, pero empezaron a poner esta clase de pegas estúpidas que…

Javier Cansado: Fue en la tele, Carlos.

Carlos Faemino: Sí, es verdad. Empezaron a prohibir cosas en la tele.

Javier Cansado: Eso es. Y al hilo de esto, en tiempos, cuando hacíamos El orgullo del tercer mundo en La 2, al final de cada episodio, los personajes acababan bebiendo coñac. Ahora no sé quién fue, si Cardenal Mendoza u Osborne, pero nos mandaron una botella de brandy a cada uno, el mejor que tenían, para agradecer que alguien, al fin, había sacado brandy en la pantalla, porque eso había desaparecido de la tele. Bueno, de la tele y del cine, porque en el cine solo sale cerveza y whisky. Y el brandy, que es una bebida muy nuestra, no salía. Por eso, muy agradecidos, esa marca nos envió un par de botellas. Pero no era en plan corporativo, sino porque sacábamos el brandy. Fue muy bonito.


Siguiendo con el tema del estilo de humor, observo que tú, Javier, vas más allá en Ilustres ignorantes. Diría que es algo pionero también, aunque mordaz.
Javier Cansado:
Sí, es charleta. También es verdad que los que estamos ahí somos primeras figuras (risas). Ilustres ignorantes, digamos, sigue una línea un poco más elaborada de humor, que es la línea que hay en estos momentos en España. La línea de humor que hay ahora mismo aquí es impresionante. O sea, el nivel que hay es algo espectacular. Yo siempre cuento que soy muy entomólogo del humor y que me gusta ver lo que se hace en el mundo entero; lo que hay, lo que hacen los americanos, los británicos, que son un poco la vanguardia… y veo que nosotros somos tan buenos como ellos. A lo mejor faltaría un Louis C.K., pero por lo demás tenemos vanguardia y tenemos comerciales buenísimos… ¡Está todo! Tenemos una panoplia de humoristas fabulosa.

Pero de todas formas, veo que no estáis del todo reconocidos. Lo mismo tenéis que desaparecer para que os echen de menos, de modo que se podría hacer un regreso a lo grande, como han hecho Monty Python. No tenemos a un Mick Jagger para que haga un spot, pero podemos poner a Bertín Osborne.
Javier Cansado:
(Risas) Bertín Osborne… Bueno, no sé yo si…

Carlos Faemino: Puede que nos echara de menos Bertín Osborne (risas). Pero no, la verdad es que nosotros siempre hemos mantenido un criterio, puesto que es una cuestión de criterio. En realidad nunca hemos buscado nada. Es decir, lo que siempre hemos querido ha sido actuar y actuar… A lo mejor suena hasta simplón, pero nosotros siempre hemos querido pasárnoslo bien. Es verdad que hemos renunciado a muchas cosas, la verdad, y es duro, porque a veces las tentaciones son grandes, como cuando Javier ha dicho que nunca hicimos especiales de Nochevieja o que tampoco nos lo ofrecieran, pero es que renunciamos porque vimos que la pérdida iba a ser más que la ganancia. Por nosotros y por la gente a la que le gustamos. Al principio, muy al principio, hicimos la cuenta, que es lo que decía Javier de la minoría mayoritaria. Es algo que lo describe muy bien. Como en China; nosotros en nuestro país disfrutamos de esto, de esa minoría, pero son, como te decía, muchos millones. Nosotros, con esa minoría en el país, disfrutamos y vivimos muy bien.

Tenéis cotidianidad, cosa que no es fácil de mantener. O sea, hacer de ese costumbrismo algo gracioso. Algo simple, pero hay que hacerlo.
Carlos Faemino:
Es algo universal, claro.

Javier Cansado: Nuestro foco en el humor siempre ha sido la vida diaria y los estereotipos. Siempre nos jactamos de que un espectáculo nuestro de hace treinta años, o más -me da un poco de vértigo decirlo-, vale hoy día. A lo mejor es algo malo, porque no digo que sea bueno, pero de lo que se habla y las referencias que se utilizan son tan válidas ahora como antes. El programa que hicimos en La 2 [El orgullo del tercer mundo] se ha vendido para muchos países: Nueva Zelanda, Bélgica, Suiza… Con lo cual, se entiende de lo que se habla al no utilizar referencias de la fama, de la política y tal. Eso es intangible, y la gente lo entiende. Tú ves a Monty Python y lo entiendes. Tú y mucha parte del mundo, porque trabajan eso. Trabajan, además, el mundo del absurdo, que es algo muy cercano a la poesía. Son referencias un poco más etéreas. No es hablar de Bárcenas, ni de política, ni de Carmen Sevilla, ni de cosas así.

Como en la película Amanece, que no es poco, donde se habla de política, pero de un modo muy común y surrealista, dando pie a un resultado universal de humor.
Javier Cansado:
Sí, así es. Aunque más que política, yo diría que habla un poco más de cultura. También hay un matiz político, desde luego, pero son, absolutamente, estereotipos. Y ya sabemos que los estereotipos se entienden en cualquier lado, ¿no? Por otra parte, esta minoría mayoritaria que nos sigue es un público con un poco de inquietud, más urbano, así que de pronto nos podemos ver actuando en Barcelona, Madrid, Sevilla… Bueno, a Sevilla no vamos. No sé por qué, pero no vamos (risas). Pero bueno, vamos a Gijón o a Málaga, y la gente reacciona igual en los mismos sitios. No hay otra manera, porque la gente lo reconoce y sabe de lo que hablamos.

¿Sin diferencia de edades?
Javier Cansado:
Hombre, se puede decir que sí. Aunque nosotros, como dejamos de hacer televisión, vimos que a la gente joven le costó unirse a nosotros. Además, las referencias generacionales van cambiando y nosotros, por lo menos hace doce o catorce años, no hemos vuelto a la televisión.

Bueno, Cajón desastre fue un programa destinado al público infantil, no obstante.
Javier Cansado
: Sí, y Cajón desastre fue de lo primero que hicimos también. Luego estuvimos en Telecinco. Más tarde llegamos a Pero esto, ¿qué es?, en La 1, y de nuevo volvimos a La 2. De ese han pasado prácticamente cerca de quince años por lo menos. O sea, que desde entonces no hemos salido en la tele. Con lo cual, la gente joven no ha estado con nosotros creciendo, entonces nuestro público es algo generacional. Hay gente joven que se incorpora, pero hay otra gente que nos ha seguido desde su crecimiento.


Si ese público va desapareciendo, ¿lo harían también Faemino y Cansado?
Javier Cansado:
No, no, porque el público se va incorporando, pero tenemos la suerte de que está el escaparate de Internet. Ahí, en Internet, están todas nuestras cosas. No es con la frecuencia que nos gustaría, pero hay algunas cosas nuestras que las ve mucha gente. No tanto como los cómicos jóvenes, digamos, que tienen su vivero en Internet, pero están ahí. Ahí ves al público y te das cuenta de que no solo hay de nuestra generación, sino que hay gente joven y tal, y eso mola. Han venido, de hecho, amigos de mis hijas a vernos y se lo han pasado fantásticamente. Todo es conocernos.

Quedará el icono de las americanas de lamé. Lo mismo os da tiempo a patentarlas como icono.
Carlos Faemino:
Que las ha sacado Mick Jagger, por cierto. ¿Visteis el concierto? Llevaba, encima, la azul y la roja, así que cuidado.

Javier Cansado: Podemos también fomentar el dúo, porque ya no existe. El formato en pareja ya no existe. Bueno, hicieron pareja Julián López y Raúl Cimas en Toda la verdad sobre el oso hormiguero y les funcionó muy bien. He visto el espectáculo suyo y es fantástico. Está cojonudo. Aparte de ellos dos, ya no existe el formato en pareja. Bueno, estamos Los Morancos y nosotros. ¡Y Bertín Osborne y Arévalo, hombre! (Risas) ¡Vuelve la pareja!

Carlos Faemino: Y si no ha vuelto, volverá.

Javier Cansado: Pero en serio, tío, cuando nosotros empezamos era el formato imperante. A nadie se le ocurría subirse a un escenario solo. Era imposible. ¡Y había montones! Farsantes Fingidos, Ceda El Paso, Virtudes… ¡Montones y montones!

Carlos Faemino: Sí, se nos acababan los juegos de palabras (risas).

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