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Marcel Proust: todo comenzó con una magdalena

JAIME DE LAS HERAS | 10/7/2015
Sólo un genio podría plantear una obra del volumen de En busca del tiempo perdido en torno a algo tan nimio como una magdalena. El comienzo de una historia que serviría para estructurar una de las historias más grandes jamás contadas.

Una obra que significa el compendio de la propia vida del autor en torno a todas sus creencias en un análisis no exento de polémica que cubría toda Francia tras el velo que Marcel Proust quiso tejer. Un hito único que hoy os acercamos.

Para leer este artículo:



La magia de Proust comienza mucho antes de dar sus primeros pasos. Mucho antes de comenzar por el primer volumen de En busca del tiempo perdido Proust ya tenía en su cabeza y en sus manos la vida que le quedaba por vivir.

14 años separaban las publicaciones de los siete volúmenes que comprenden tan magna obra, una proeza literaria que ya fue considerada en su día como un clásico de las letras francesas y universales.

Una proeza que el propio autor no pudo ver conclusa ya que los tres últimos volúmenes se publicaron de manera póstuma ya que distan 14 años entre el primer volumen Por el camino de Swann y el último, El tiempo recobrado de 1927.

Una vida llevada a las letras. Tan extenuante como la propia literatura del parisino. Una literatura cargada de vida, de sueños, recuerdos pero siempre marcada por la realidad. La misma realidad que el propio Proust vivió. Esa realidad de principios del siglo XX que la convirtió en la edad dorada de la introspección. Los tiempos de Proust, de Joyce o de Kafka.

Es esa forma autobiográfica de afrontar En busca del tiempo perdido la que hace tan meritorio cualquier acercamiento. Una obra que muchos califican como de difícil lectura pero a los que sólo podemos decirle que tampoco la vida es fácil y la de Proust aún menos.

Por eso resulta gratificante que todo empiece estructurándose en torno a algo tan nimio como una taza de té y una magdalena. Ambos forman parte de esa chispa adecuada que prendió el universo Proust y dio alas a cumplir con uno de los trabajos más formidables que se han hecho sobre el papel en la historia.

Una obra que encierra dentro de sí la propia historia. Nada de lo que encontramos en ella es mera ficción. Nada es casual. Todo está vivido y vívido previamente. Es en esa sorprendente frescura donde encontramos la mayor pureza de Proust, su prosa.

Una literatura cargada de poesía en todos sus aspectos. En ocasiones casi magia que parece imposible lograr fuera del verso. Una magia que se debe apreciar en francés dentro de lo posible pero donde incluso los más avezados han rechazado el combate.

Porque Proust es complejo, y lo decimos en presente porque Proust sigue vivo, no sólo en sus obras sino en todos y cada uno de nosotros. En ese constante fluir vital que nos conforma día a día y donde cada uno busca su propio tiempo perdido.

Es en toda esa grandeza donde Proust, en todo su ingenio, decidió recordarlo en torno a una magdalena. Sencillamente asombroso, así que queridos lectores, si tienen tiempo y valor, acérquense a esta obra universal este verano y disfrutarán de la vida dentro de la propia vida.
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