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En esto creo: David Bowie #Esquire100

DARÍO MANRIQUE | 8/1/2017
MAGO ALQUIMISTA DEL ROCK, HOMBRE DE LAS ESTRELLAS, 1947, LONDRES - 2016, NUEVA YORK.
Publicado originalmente en Esquire 93, febrero de 2016


Si no hubiera sido por Little Richard probablemente no hubiera entrado en la música. A los nueve años vi a Little Richard en una película, creo que era Una rubia en la cumbre (1956), tenía a cuatro saxofonistas en el grupo y dije: "¡Yo quiero estar en esa banda!". Y durante unos años ésa fue mi ambición, tocar el saxofón en el grupo de Little Richard. Por eso me hice con un saxo (2003).

Yo quería una carrera en la que pudiera hacer todas las cosas que me interesaban. Eso no se puede hacer siendo contable. Como me gustaba el arte, el teatro y muchas otras formas de expresión culturales, pensé que la música rock era una estupenda manera de no renunciar a nada. Y por eso en mi música hay un poco de ciencia ficción, un poco de kabuki por allá, un poco de expresionismo alemán por aquí… Es como poder trabajar rodeado de amigos (2002).

Ponte frente a un cadáver al menos una vez. La ausencia total de vida es de lo más perturbador y desafiante (2004).

He muerto demasiadas veces sobre un escenario. Y no es tan malo. No. Ya no tengo esa paranoia. He decidido que mi muerte debe ser algo rebuscado. Quiero usarla. Me gustaría que mi muerte fuera tan interesante como ha sido mi vida (1976).

No espero que la raza humana progrese en muchas cuestiones. Sin embargo, tener un niño con infección de oído le hace a uno estar enormemente agradecido por los antibióticos (2004).

En los 70 había cierta agitación porque parecía que la era de la exploración había llegado. Y eso reflejaba a la perfección mi estilo de vida. No había nada que no quisiera probar, explorar y comprobar si formaba parte de mi psique y mi naturaleza. Era como un explorador ante todo, no sólo culturalmente, sino sexualmente y… Dios, es que no dejaba nada sin probar (2002).

El glam rock fue muy gracioso. Todavía me da un placer inmenso recordar cuántos rudos albañiles se animaron a ponerse leotardos de lúrex y caminaban delicadamente con ellos por la calle, porque algunos enterados les habían asegurado que una pizca de colorete atraía a las tías. Lo cual, por supuesto, era cierto (2000).

Tengo una personalidad adictiva, ahora lo veo claro. La cocaína se obtenía fácilmente y me permitía seguir trabajando, porque no la usaba para salir por ahí, de forma recreativa. Era más como: "Venga, esta semana voy a escribir diez proyectos diferentes y haré cuatro o cinco esculturas". Y permanecía en pie 24 horas al día hasta que acababa esas cosas. La droga se convirtió en mi mejor socio, me ayudaba a perpetuar el momento creativo (2002).

Tuve un periodo muy malo. Empeoré mucho. Creo que mi adicción comenzó en los últimos meses de la época de Ziggy Stardust y cuando me metí en Diamond Dogs (1974) ya estaba fuera de control. A partir de ese momento era un enfermo de verdad, estaba grave. Sólo hay que ver fotos de esos años, no me puedo creer que sobreviviera. Las hay que me aterran, como por ejemplo las de los Grammy a los que fui con Lennon [en 1975]. Soy una calavera, un esqueleto (2002).

Me veo como un ladrón con buen gusto. El único arte que estudio es aquel del que puedo robar algo. Creo que mis plagios son efectivos. El arte puede ser una referencia política, una fuerza sexual, cualquier fuerza que desees, pero debe ser útil. Cuanto más me roban más halagado me siento, pero he causado mucho descontento, porque he expresado mi admiración por otros artistas diciendo: "Sí, voy a usar eso", o "sí, tomé esto de él y esto otro de ella". Mick Jagger, por ejemplo, tiene miedo de entrar en una habitación en la que esté yo pensando en una idea nueva. Sabe que se la arrebataré (1976).

Me admira y sobrecoge el universo, pero no creo necesariamente que haya una inteligencia tras él. Sí, me apasiona la parte visual de los rituales religiosos, incluso aunque estén completamente vacíos y desprovistos de sustancia. El incienso es poderoso y provocativo, ya sea en el budismo o el catolicismo (2004) .

Siempre me ha dejado perplejo que me llamaran el camaleón del rock. ¿No emplea el camaleón una formidable energía para hacerse indistinguible de su entorno? (2004).

Es cierto que soy bisexual. Creo que es lo mejor que me ha pasado nunca. Y muy divertido, porque las chicas por alguna razón piensan que me he guardado la virginidad heterosexual y tratan de arreglarlo, en plan: "Venga, David, no está tan mal. Yo te lo enseño". O, mejor: "Nosotras te lo enseñamos". Yo siempre me hago el tonto.

Y por otro lado –estoy seguro de que queréis saber algo del otro lado– cuando tenía 14 años el sexo se convirtió en algo muy importante. No importaba con quién era, mientras fuera una experiencia sexual. Me daba igual si era un chico guapo de mi clase al que me tiraba en mi habitación. Y pensé que, bueno, si alguna vez me metían en la cárcel sabría cómo pasármelo bien (1976).

Me sorprende mucho que la gente se tome en serio lo que digo. Ni yo me tomo a mí mismo tan en serio (1974)
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