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20 Minutos

En esto creo: Woody Allen #Esquire100

ACTOR Y DIRECTOR, 71, NUEVA YORK

ROBERT LINDSEY | 1/12/2016
Publicado originalmente en Esquire 1, octubre de 2007

No sé qué opinión tiene la gente de mí. Supongo que soy un ejemplar bastante raro.

Las grandes estrellas trabajan conmigo solamente cuando no tienen nada que hacer. Si llamo a un actor muy conocido a la vez que lo hace Steven Spielberg o Martin Scorsese, ni siquiera se plantea trabajar conmigo. Pero si acaba de terminar una película, ha ingresado su cheque de diez millones de dólares y hasta agosto no tiene absolutamente nada que hacer... ¿Por qué no rodar con el viejo Woody?

Si me hubiera hecho un tatuaje, me hubiera puesto la palabra "Mamá".

La única diferencia entre los géneros de tragedia y comedia es que en la comedia la gente encuentra el modo de vencer a la tragedia. Está claro que el humor no puede servir de respuesta a todos los problemas de la vida, pero al menos sirve como esparadrapo o tirita para algunos de ellos. Sin duda, reírse es mucho mejor que andar por ahí totalmente alicaído.

En realidad, como actor, sólo puedo realizar dos tipos de papeles (soy un intérprete muy limitado). O hago de intelectual o de retrasado.

Cuando empecé en esto del cine, creía que me esperaban un montón de cosas agradables: fama, dinero, halagos, entusiasmo… Después de las primeras películas, entendí que mi vida seguiría siendo la misma en lo fundamental. Mis problemas anteriores, los básicos, nunca han desaparecido.

Tengo pinta de despreocupado, de descuidado, pero nada de eso va conmigo. Me considero un pesimista empedernido. Normalmente, divido las noticias del telediario entre abominables y deplorables.

A menudo sueño con coger vacaciones durante todo un año entero; sin embargo, pronto me empiezan a torturar los remordimientos de conciencia. Alrededor de mí siempre hay gente (benditos productores) que desea proporcionarme dinero para mi próxima película. Al final, siempre llego a la conclusión de que mientras me lo quieran dar, hay que aceptarlo.

Para ser actor de comedia tienes que tener un don especial innato. Los cómicos siempre acaban bordando algún papel dramático, pero en el otro sentido la cosa casi nunca funciona. ¿Alguien se acuerda de Marlon Brando intentando hacer reír a la gente?
Me encanta mi profesión, pero si me la quitaran, con mucho gusto, haría otras cosas. Trabajaría en el teatro, escribiría... O, simplemente, me dedicaría a vaguear por ahí y no hacer nada. Me levantaría tarde, daría paseos, iría al museo, vería viejas películas en el cine; por la tarde, al llegar a casa, hablaría con mi mujer, tendríamos relaciones, disfrutaría del béisbol por la tele... La verdad es que me está saliendo un día bastante bueno, ¿no?

Casi nunca me invitan a participar como actor en otras películas. ¿No les parece raro?
Ahora que estoy llegando a esta edad, no me extraña que la gente se pregunte: "¿Oye, cuál crees que es el cómico más viejo? No sé, Walter Matthau ya se murió. ¡Tiene que ser Woody Allen, seguro!".

Me gustan los mandamientos del movimiento Dogma. Son realmente espartanos. Los principios en los que basan su trabajo son realmente buenos, pero –como es habitual– al final todo depende más del talento del director que de una declaración de principios. Si la película sale buena, pues benditos mandamientos; si la película sale mediocre, pues no será nada más que otra película mediocre.

En el cine contemporáneo no encuentro directores cuyo trabajo esté influido por mis películas. Los chavales jóvenes se inspiran en gente como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese u Oliver Stone. ¿Pero influenciados por mí? De momento, no he visto a ninguno.



FOTOGRAFÍA: NICOLAS GUERIN
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