Esquire en Facebook
Esquire en Instagram
Esquire en Google Plus
Esquire en LinkedIn
Newsletter
20 Minutos

En esto creo: Kirk Douglas #Esquire100

MITO, ACTOR, 'JEFE' DEL CLAN DOUGLAS | NUEVA YORK, 94

MIKE SAGER | 9/12/2016
Publicado originalmente en Esquire 34, octubre de 2010

Para conseguir cualquier cosa en la vida hay que tener el suficiente coraje como para asumir el riesgo de fracasar. Siempre les digo a mis hijos que ellos han tenido muchas más oportunidades de las que tuve yo. Me crié en la más absoluta de las miserias. No me quedaba otra opción que tirar hacia arriba. Era cuestión de supervivencia.

Deja que tus hijos se metan en problemas. Que cometan sus propios errores y aprendan de ellos. No es bueno sobreprotegerles ni tampoco intentar dirigir su vida. Cada hijo es diferente; es algo que debes asumir y respetar. Es como tirar los dados y esperar a ver qué sale. Si sale un tres, no puedas hacer nada por cambiarlo.

La religión ha asesinado en nombre de Dios a millones de personas por todo el mundo. Cuanto más estudio la Torah, menos religioso me vuelvo, aunque mucho más espiritual. A nosotros, los judíos, nos enseñan desde pequeños a leer en hebreo, sin embargo no tenemos ni la menor idea de lo que pone. En Yom Kippur, leyendo unas traducciones inglesas, me vino a la cabeza la idea de que se practica demasiado la adoración a Dios. Él no necesita que cantemos sus cánticos ni que recemos sus oraciones continuamente. Se conformaría con que fuéramos buenas personas.

Los musulmanes siguieron a Mahoma para llegar a Alá. Los cristianos a Jesús de Nazaret. Pero en realidad se trata siempre del mismo Dios. En el fondo todas las religiones pretenden llegar al mismo destino, aunque por caminos diferentes.

Los únicos que pueden llegar a destrozar Israel son los judíos. Son gente obstinada y muy separatista. Es prácticamente imposible que se lleven bien entre ellos. Hace poco me contaron un chiste que refleja muy bien esta situación; el Presidente de Israel se encuentra al Presidente de EE UU y le dice: "Debe ser duro gobernar un país de 300 millones de personas, pero ¿qué te parece tener que hacerlo en uno con cinco millones de presidentes...?".

Política. ¡Buff, qué palabra tan fea!

Nunca quise ser una estrella de cine. La primera vez que me propusieron subir a un escenario, rechacé la oferta. Luego nació Michael, así que necesitábamos dinero. No tuve más remedio que acceder. Es curioso, pero en ciertas ocasiones comprometerte con algo acaba dándote mayor libertad.

Todo el mundo tiene ego. Hacer películas, en el fondo, es un ejercicio de narcisismo.

No me interesan los santurrones. Si me presentas a un tipo que nunca jamás haya pecado en su vida, no creo que me apetezca hablar con él. Demasiado aburrido. Un hombre con defectos es mucho más interesante.

Cuando beso a mis hijos en la boca, la gente me mira con cara rara. Ven la cercanía y el cariño como una debilidad. No entienden que los niños necesitan el mismo contacto físico de un padre que de una madre.

No importa lo mal que estén las cosas. Siempre pueden ir a peor.

Alguien voló sobre el nido del cuco fue una de las grandes desilusiones de mi vida. Compré los derechos del libro, pero nadie quiso llevarlo al cine [finalmente, acabaría haciéndolo su propio hijo, Michael]. Así que pagué de mi bolsillo para que se interpretara en Broadway. Había una frase muy bonita de McMurphy, el tío que quiere ayudar a toda esta gente [el papel que haría famoso a Jack Nicholson en la película de 1975]. En una escena concreta, intenta desencajar un lavabo de la pared, pero no puede. Lo intenta con todas sus fuerzas, pero no hay manera. De camino a la salida, todos los tíos del sanatorio se le quedan mirando; él se da la vuelta y exclama: "¡Al menos lo he intentado, joder!". Pensé en poner esa frase en mi epitafio.

No soy consciente de la edad que tengo. Hace unos años, estaba jugando al golf y le dije a mi compañero de recorrido: "Deja que esos ancianos golpeen antes y nos adelanten unos hoyos...". Él me miró fijamente y me contestó con una gran sonrisa: "Kirk, esos ancianos a los que te refieres tienen, por lo menos, quince años menos que tú [risas]".

La edad está en la cabeza. Cuestión de actitud mental. He sobrevivido a un accidente de helicóptero y a una complicada operación de espalda. Llevo marcapasos. Sufrí un ataque al corazón que casi me empuja al suicidio. Sin embargo, todos los días me digo a mí mismo que tengo que seguir creciendo. Ése es el único antídoto que me permite vencer el paso del tiempo.

La gente siempre está hablando de los viejos tiempos. Continuamente escucho que las películas de antaño sí que eran buenas, que los viejos actores éramos geniales, que ya no se hace cine como el de antes... Pues yo no lo creo. Lo único que os puedo decir es esto: "Los viejos tiempos ya se fueron. Pasad página, hombre".

Cuantos más años tengo, más profundo es el amor que siento.

Sólo ahora sé quién soy realmente. A mis 94 años, conozco perfectamente mis puntos fuertes, mis debilidades, mis celos... Es como si todo mi ser se hubiera estado cociendo en un gran cuenco durante décadas. Lo superfluo se ha ido evaporando poco a poco y ahora sólo queda la esencia, lo importante, lo único que lleva ahí desde el principio.

¿Te imaginas? Me muero, mi espíritu abandona mi cuerpo y aparezco delante de un hombre con barba blanca que está sentado en un trono enorme. Le pregunto: "¿Estoy en el Cielo?"; y él me contesta: "¿El Cielo...? Pero si vienes de allí".





FOTOGRAFÍA: KEVIN LYNCH
La proteína Sandman, la temida protagonista de nuestro despertar
¿Cuáles son los países en los que más se lee?
12 rasgos que te hacen más inteligente que la media
Déjate querer por Barceló Bilbao Nervión