ADRIANA HERREROS | 12 DE MAYO DE 2011
Algunas personas caminan mirando al suelo, otras pasean abstraídas mientras escuchan música en su Ipod, muchos se mueven impasibles mientras hablan por el móvil. Yo disfruto mientras recorro las calles observando las paredes.
Las paredes hablan de la ciudad. Nos cuentan cosas sobre las inquietudes de sus habitantes, sobre un tiempo concreto.
Por eso no se me escapó la aparición de un maravilloso cartel de 44 por 65 aprox., exquisitamente impreso, sugerente y enigmático -si ésto es posible al mismo tiempo- y que de forma estratégica asomaba por las calles decisivas de Madrid. Una obra que sus misteriosos creadores preferían efímera. O, ¿por qué habían elegido para ella las solitarias paredes de edificios sin nombre?
En seguida supe quién estaba detrás de esta interesante iniciativa.

El Cartel nació en 1998 con la idea de reivindicar el espacio público, la calle, como un espacio democrático, libre para la opinión pública. Más que un bello ejercicio artístico, que también, se trataba de crear un medio con una importante carga reivindicativa sin censura. Olaf Ladousse, Mutis, Eneko, Cesar Fernández Arias y Sean Mackaoui (alias Jaques Le Biscuit) acuerdan financiar, diseñar e inundar las paredes con un cartel temático cuatro veces al año.

En este mismo momento, el último número de El Cartel (un ejemplar especial Feria de San Isidro) adorna el barrio de Ventas en Madrid. Eneko, en esta ocasión, sale del colectivo por falta de tiempo y entra Pepe Medina en este número INDULTADO.
La pared como un medio de exprexión más.