ADRIANA HERREROS | 06 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Existen tantas formas distintas de viajar como personas hay en el mundo. Viajeros de ultramar, adictos a los cruceros, expatriados por dios y por el rey, adoradores de las escapadas de fin de semana, turistas low cost, los que viajan en el tiempo... Existen quienes no pueden desplazarse sin su reflex del alma y hay quienes han de anotarlo, dibujarlo, conservarlo todo en su querido cuaderno.
La literatura sobre viajes no es algo nuevo y ha sido cultivado por muchos autores en todos los continentes. El viaje constituye algo intrínsecamente literario –el género existía ya entre los griegos que lo llamaban periégesis– y es un tema frecuente en las principales obras de la literatura clásica. Los libros de viajes y, en concreto, los cuadernos de viaje son un género en sí mismo que prolifera entre las novedades de las secciones especializadas. Y de algo así quiero escribir hoy: sobre los cuadernos de viaje y de unos cuadernos de viaje en particular.
Los cuadernos de acuarelas del dibujante Enrique Flores (Badajoz, 1967) son el secreto mejor guardado del mundo de la ilustración: cuadernos de viaje donde él, asegura, plasma todo lo que ve para tratar de comprenderlo. Dibujos ágiles, rápidos pero muy precisos, con un interesante y muy plástico uso del color, que aboceta en cuadernitos que lleva a todas partes.
Hablo con Enrique vía e-mail y responde generoso a mis dudas.
Me cuenta que compra siempre sus cuadernos de marcas, tamaños y calidades diferentes. Le encanta probar. Y me confirma algo que ya sospechaba: que es un apasionado del género y que tiene una respetable colección de cuadernos de viaje de distintos autores. "No me canso de mirar los de Paul Hogarth. Sus libros con Brendan Behan son acojonantes", me explica. Prometo investigar.
El hecho casual de vivir muy cerca y la curiosidad posibilitó que Enrique documentara gráficamente en un nuevo cuaderno la acampada espontánea que se estableció en Sol tras la mani del 15M. Y desde entonces, día a día hasta su desmantelamiento 27 días después, retrató fielmente de madrugada primero, de día después, –en esta ocasión con sus rotuladores pincel– el nacimiento y consolidación de este nuevo movimiento ciudadano.
