JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ | 06 DE JUNIO DE 2012
Pasear por la Calle de la Aduana es cruzar la frontera entre un Madrid masificado por las nuevas corrientes de turistas medios (en busca de lo supuestamente castizo) y otro reinventado con elegancia para colmar gustos más depurados. Paradójicamente, este ejemplo bien puede servirnos para ilustrar la experiencia procesal que nos brindaron ayer nuestros buenos amigos de la agencia Acción y Comunicación.
Citados en la mesa del fondo de una cafetería tan de barrio como La Viga, sólo podíamos esperar lo inesperado. Un concepto diferente (se agradece ver síntomas de humanismo y normalidad de vez en cuando en la alta gastronomía) que resultó ser el inicio de un viaje por el backstage del Casino de Madrid, entre bambalinas aderezadas por mesas de billar y relojes decimonónicos para, finalmente, desembocar un paso más allá del presente. Y es que, tras varios años pergeñando la idea en medio de platos, viajes y fogones, Paco Roncero parece haber culminado un sueño en forma de espacio onírico con matices futuristas. Para ello, ha contado con la inestimable colaboración de Land Rover, HP, NH Hoteles, Miele y Guía Repsol, "patrocinadores, compañeros y amigos sin los que nada de esto hubiera sido posible", reconocía el propio chef madrileño.
Al ritmo de Tick of the Clock, de Chromatics (icónico single de esa brutal obra maestra llamada Drive), los presentes fuimos testigos de una puesta en escena multisensorial del bautizado como 'Paco Roncero taller'. Mucho más que un gastro-lab o un espacio de I+D (ese concepto que el elBulli consiguió incorporar a la cocina), tal y como el propio Roncero lo define, es "una especie de máquina para editar experiencias".
Pero la verdadera protagonista de este taller externo a La Terraza del Casino es una mesa inteligente llamada Hisia, fabricada en Keraon (un material cerámico obtenido a más de 1.200 ºC). Presidenta suprema de una sala con capacidad para ocho comensales que, además, cuenta con una completa oleoteca de 216 probetas rellenas con diferentes tipos de aceites de oliva, uno de los productos fetiche del bueno de Paco. Por si fuera poco, también ofrece la posibilidad de crear atmósferas cromáticas y olfativas a través de proyectores y avanzados elementos de ventilación que completan el conjunto para culminar una experiencia gastro-sensorial plena. De momento, sólo tendrán acceso unos pocos privilegiados que disfrutarán de una velada con tintes teatrales. Igualmente, la idea es seguir abriendo el espacio a más y más público como medio de feedback y experimentación efectiva que redunde con insistencia en la vanguardia de la investigación culinaria. Seguiremos informando.