JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ | 02 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Como decíamos ayer, el número de septiembre de Esquire ha quedado especialmente deportivo, paseando por sus páginas personajes como Pelé, Figo, Vitaly Petrov, Juan Mata, Ibaka o el mismísimo New York Cosmos al completo. De ahí que durante el proceso de creación de la revista hayan sido inevitables -más de lo habitual- las conversaciones sobre deportes varios, especialmente fútbol. (¿Pero éste no era un blog literario? Tranquilo, que todo llega).
Entre los temas de conversación que surgieron, sin duda el más apasionante fue el de George Best, el legendario extremo del Manchester United (del 63 al 74), nacido en Irlanda del Norte en 1946, y fallecido 59 años después. Best fue un gran jugador, pero su leyenda va mucho más allá del terreno de juego. Fue un mujeriego y un bebedor entregado a la causa. Tanto, que falleció como consecuencia de no abandonar la bebida ni siquiera en los meses posteriores a un transplante de hígado que le realizaron. Irónicamente, murió al día siguiente de la entrada en vigor del Licensing Act 2003, decreto que establecía grandes restricciones a la distribución y consumo de bebidas alcohólicas. Un tipo con principios.

Casi todos los que lo conocieron recuerdan a George Best siempre en dos términos: no reparan en adjetivos para definirlo como futbolista, tantos como palabras intentan ahorrar para hablar de él como persona.
(Lo de la literatura viene ahora). Al hablar sobre Best, ha sido inevitable rescatar un libro muy recomendable, aunque lamentablemente no disponible en España. Se trata de Hellraisers: The Life and Inebriated Times of Richard Burton, Richard Harris, Peter O'Toole and Oliver Reed, escrito por Robert Sellers y pubicado en Inglaterra por Preface Publishing. La obra, de lectura rápida y amena, plagada de anécdotas, repasa la biografía autodestructiva de esos cuatro actores, que apostaron por beberse la vida a tragos largos y sin soda.

Entre películas y obras teatrales –Burton salía a escena a interpretar a Hamlet tras pimplarse una botella completa de scotch sin que se le notase lo más mínimo, salvo por lo magistral de su encarnación del príncipe de Dinamarca-, las crónicas de las cogorzas que se agarraban y sus consecuencias son memorables. Si a Burton y O'Toole les cerraban el bar en el que estaban, por ejemplo, preguntaban su precio para intentar comprarlo y poder así dejarlo abierto; Reed hacía competiciones con los parroquianos de los pubs y llegó a pasar 24 horas bebiendo pintas de cerveza sin parar; a Harris le daba por insultar a los policías y apedrear las comisarías; y a los cuatro les encantaba avisar a la policía de que había una pelea en la taberna, y cuando llegaban los agentes de turno, se liaban puñetazos con ellos.

El libro no ensalza a los personajes por sus conductas, ni tampoco los condena. Se limita a contar cómo fueron sus vidas. Terribles o no, pero legendarias al fin y al cabo. En cualquier caso, es una lectura muy recomendable sobre cuatro nombres fundamentales del cine británico, escrito con bastante talento por un periodista especializado en la materia (el cine, no el alcohol). Si puedes, búscalo por internet. Lo disfrutarás.
Y volviendo a Best, le dedicaremos aquí nuestro particular homenaje con una selección de sus célebres frases. Porque además de no tener demasiado control con la ginebra, sufría también de una incontinencia verbal de lo más brillante.

“Gasté mucho dinero en licor, mujeres y carros de carrera. El resto lo desperdicié”.
“Cada vez que entro en un sitio hay sesenta personas que quieren invitarme a beber, y yo no sé decir que no”.
“Hace años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Mundo iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas”.
“Nunca salía por la mañana con la intención de emborracharme. Sólo sucedía”.
“Dicen que me he acostado con siete Miss Mundo, pero sólo han sido tres”.
“Tenía una casa al borde del mar, pero para ir a la playa tenía que pasar por delante de un bar. Nunca me bañé”.
“La prensa es muy mentirosa. Dicen que me he acostado con doscientos mujeres, pero sólo fueron cien”.

“Se dice un montón de bobadas sobre defensas rudos y jugadores destructivos. Yo les llamo simplemente hijos de mala madre”.
“Si yo hubiese nacido feo, nunca hubierais oído hablar de Pelé"
No le pega con la izquierda, no cabecea, no defiende y no marca muchos goles. Aparte de eso, está bien”. (Sobre David Beckham)
“He dejado de beber, pero sólo cuando duermo”.
"En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores veinte minutos de mi vida”.
“En cierto modo, Angie me salvó y, probablemente, lo lamentará el resto de su vida”. (Sobre el día que intentó suicidarse)
“He perdido a muchos amigos cuando eran muy jóvenes, aunque yo era el que solían decir que no llegaría a los 30, luego a los 40, a los 50… Pero aún sigo aquí”.
“La gente siempre dice que no debería quemar la vela por ambos extremos. Tal vez ellos no tengan una vela lo suficientemente larga”.
Best le da su teléfono a una periodista para concretar una entrevista. Ella bromea: “¡Dios!, ¿te das cuenta de que la mitad de las mujeres del mundo pagarían lo que fuera por tener este número?”. Best le responde: “La mitad de las mujeres del mundo ya lo tienen, cariño”.
