JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ | 18 DE OCTUBRE DE 2011
Estos días se está celebrando la IV edición del Festival Getafe Negro, con una amplia representación de autores nacionales e internacionales de un género cada vez más popular (y no nos referimos a la efímera moda Larsson y demás gélidos autores). En los últimos años ha surgido toda una nueva hornada de escritores españoles que, con notable talento, respeto por los maestros pero mirada en la actualidad, tiñen de negro sus páginas creando con sus trabajos un retablo social, con ciertos lazos generacionales, de contundente presencia en los anaqueles de las librerías.
Sin embargo, resultaría difícil intuir cuál sería la actualidad del género sin la fundamental labor desempeñada décadas atrás por Manuel Vázquez Montalbán. Este martes, 18 de octubre, se cumplen ocho años de la muerte del literato, víctima de un paro cardiaco en el aeropuerto de la ciudad de Bangkok, y resulta un tanto lastimoso constatar que su nombre se va escuchando cada vez menos en los discursos culturales y círculos literarios.

Vázquez Montalbán dio el pistoletazo de salida al género negro patrio con su novela Tatuaje (1974), y dos años antes ya nos había presentado a ese Philip Marlowe del barrio chino barcelonés que es Pepe Carvalho, uno de los personajes (y su mundo) más memorables de la literatura española. Alter ego del propio autor, de la mano de Carvalho aprendimos para qué sirven los libros en las frías noches invernales y cuáles eran los mejores platos y caldos para saborear en según qué momento. Además, se encargó de que nadie se escapase de recorrer los pasajes más inciertos de la transición política y de asomarse los sótanos más oscuros de la democracia.
Planeta reedita de vez en cuando alguno de los títulos de la extensa biblioteca Montalbán, en bolsillo, de forma esporádica y con escaso cariño en las formas. Una lástima. Por no hablar de la rica obra poética y periodística de un autor que sabía dar certero en la línea de flotación del enemigo sin perder jamás las formas ni, lo que es más importante, el sentido del humor.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores ha publicado recientemente dos volúmenes de del escritor, Cuentos negros y Cuentos blancos, que a falta de otras iniciativas, pueden servir para rescatar su recuerdo. El primero está dedicado a Carvalho, con la novela corta La muchacha que pudo ser Emmanuelle junto a cinco relatos y dos estudios, todos ellos reunidos por primera vez en un mismo tomo. Lo mismo ocurre con Cuentos blancos, que compila una veintena de cuentos (escritos entre 1982 y 2000), entre los que destacan algunos como Fragmento de las probables memorias del Estrangulador de Boston, Televisión basura o 50 años después de la derrota aliada.
Esperemos que algún día, mejor pronto que tarde, la obra de Vázquez Montalbán y el recuerdo del propio autor sean tratados con el respeto y cariño que se merecen.
