JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ | 14 DE NOVIEMBRE DE 2011
La editorial Algaida publica la nueva novela de este autor madrileño (nacido en 1969), La senda trazada, merecedora del último premio Luis Berenguer. Una historia trepidante, con tintes de misterio y bien resuelta, que plantea una turbadora cuestión moral a la que pocos lectores podrán resistirse. En esta charla con Esquire, Pedro de Paz habla sobre éste y otros proyectos, sobre la actualidad de la novela negra y sobre ese divertido e irreverente grupo de escritores que integran la conocida como 'Generación Torrezno'.
Ante todo, enhorabuena por el Luis Berenguer. Vas de premio en premio. ¿Temes las lenguas malintencionadas que suelen recelar de los autores tan laureados?
No particularmente. Es cierto que en ocasiones se tiende a evaluar con especial suspicacia una novela premiada en un certamen literario, pero al final es el propio texto, desnudo de premios y menciones, el que debe defender por sí mismo sus cualidades y hacerlo ante su legítimo destinatario, el lector. Y ahí, en ese campo, es donde de verdad se gana o se pierde. Le tengo mucho más respeto a la opinión del lector que se ha leído el libro y decide transmitirme sus impresiones —sean favorables o desfavorables. Ambas son necesarias— que a la de cualquiera que, de forma preconcebida, arremete contra una novela o contra un autor por el simple hecho de haber sido galardonados con un premio literario.
Se te ubica dentro de la nueva generación de autores de novela negra española, donde destacan nombres como los de Cristina Fallarás, Carlos Salem, David Torres o Juan Ramón Biedma. ¿Crees que existen señas de identidad comunes en sus obras, elementos que puedan llegar a definir una generación literaria?
Lo de las generaciones literarias evaluadas desde la perspectiva de la proximidad temporal siempre me ha parecido un camelo, un juego pomposo e innecesario. Podemos hablar de la generación del 27, del 98, pero no de un grupo de autores que, por muchos elementos comunes que manejen, apenas se distancian una decena de años del momento actual. Es ridículo. No hay suficiente perspectiva para manejar el concepto con solvencia. Al hilo de eso, unos cuantos amigos formamos en su momento lo que dimos en llamar la 'Generación Torrezno', parodia delirante, humorística y con cierta mala leche de todos esos movimientos que se erigen –y que en muchas ocasiones se autoerigen– en generacion literaria. Entre los autores que mencionas no se puede hablar de generación literaria, pero sí de trazos, matices y rasgos compartidos. E inquietudes comunes. La voluntad de contar una buena historia y hacerlo de la forma más eficiente posible. La intención de hacer disfrutar al lector sin ponerse estupendo ni buscar trascender, sea lo que quiera que sea eso. Y cierta forma confluyente de ver el universo de nuestros personajes y de la realidad que los rodea. Y sobre todo una excelente relación de amistad personal, particularmente entre los autores que mencionas y algunos más: Jerónimo Tristante, Jorge Díaz, Javier Puebla, Paco Gómez Escribano…
Ese auge de la novela negra que estamos viviendo, ¿pasará cuando se enfríe la fiebre Larsson, o sólo se apaciguará y se seguirá cultivando el género sin atender a criterios de moda?
La novela negra no pasará de moda porque no es una moda. Nunca lo fue. El género negro es una manera particular de percibir y narrar historias, una forma de mostrar una serie de realidades que no siempre resultan cómodas y que permite hacerlo a través de una serie de recursos eficaces. Tan eficaces que, a día de hoy, esos recursos están siendo asumidos y empleados sin ningún pudor por géneros “paralelos” como pueden ser la novela de aventuras y el thriller, la novela de intriga. Incluso la novela histórica actual bebe de esos recursos. Lo que ocurre es que, como muchas otras cosas en esta vida, el género negro ha conocido épocas de auge y otras de cierto ostracismo, pero desde que los maestros americanos —Hammet, Chandler, Thompson— establecieron los cánones del género allá por los años cincuenta del siglo pasado, la novela negra nunca ha dejado de estar presente de una u otra manera. Presente y vigente.

Con esta novela, como con las anteriores, planteas una historia muy entretenida, pero en el fondo llevas al lector a reflexionar sobre cuestiones nada baladíes. ¿Te interesa espolear un poco a los lectores, que no se limiten a pasarlo bien con la lectura?
Mi intención a la hora de contar una historia es entretener al lector con una serie de premisas que le resulten atractivas y que despierten su curiosidad. Y hacerle pasar un rato divertido. A priori ese es el único punto de partida y no hay más pretensiones que esas. Pero el hecho de que ciertos elementos de las tramas que compongo conduzcan al lector a reflexionar sobre cuestiones que van más allá del mero entretenimiento me produce mucha satisfacción porque denota que el texto, además de entretener, no es un mero contenedor para una historia sino que, además, es capaz de profundizar en aspectos que remueven la conciencia del lector de una u otra manera. Pero insisto en que no es ese mi objetivo principal.
El protagonista de La senda trazada encuentra un libro que puede cambiarle la vida, darle la fama y fortuna que siempre ha soñado, pero a cambio mucha gente podría morir, aunque no por culpa suya. Se enfrenta a un debate moral desesperado. ¿Cómo llegaste a un planteamiento como éste?
Me apetecía contar una historia que girase en torno a la posibilidad de anticiparnos al futuro, pero era un tema muy recurrente empleado tanto en literatura como en cine. Como la premisa de la que casi siempre se parte en ese tipo de historias es la de que el protagonista conoce su propio futuro, quise darle un giro al planteamiento, una vuelta de tuerca y me esbocé la posibilidad de narrar una historia en la que el protagonista no conociese su propio futuro sino que tuviese en sus manos el de una serie de personas ajenas a él. Y que su sustento dependiese en gran medida de aprovecharse o no en beneficio propio –Alfonso Heredia, el protagonista, es un reportero gráfico, siempre a la caza de noticias que poder vender— de ese conocimiento o hacerlo en beneficio de la persona afectadas. Llegados a ese punto, la disyuntiva moral planteada y la lucha interior del personaje estaban servidas. Y la incertidumbre sobre las inquietudes que asaltan al protagonista —y, al mismo tiempo, al lector, al que no le cuesta empatizar con su asfixiante situación— resulto ser uno de los puntos más atractivos e intrigantes de la trama.
Una vez terminada la novela, ¿tienes ya tu propia respuesta al dilema que planteas en la historia? ¿Qué harías tú, aprovechar la oportunidad o dejarla pasar?
La vida nunca es blanca ni negra. Solemos movernos continuamente en una zona difusa plagada de grises. No, no tengo una respuesta clara. Es posible que actuase como Alfonso Heredia pero también es posible que no. Siempre he asumido que, cuando se trata de tasar el alma o la integridad de una persona, no es tanto una cuestión binaria acerca de si esos conceptos están a la venta o no como una cuestión de precio y de que ese precio dependa en gran medida de lo críticas que sean tus circunstancias en ese momento.
Tu libro ha salido a la venta poco antes que el último de Carlos Salem, Un jamón calibre 45. A ambos se os encuadra junto a otros escritores como Juan Ramón Biedma y Jerónimo Tristante en ese grupo autodefinido como 'Generación Torrezno', del que antes me hablabas. Lo que al parecer comenzó como una broma ha ido ganando entidad y reconocimiento por parte de la prensa. ¿De qué va esta 'generación'?
Como he mencionado antes, la “Generación Torrezno” surge como una broma paródica ante esa insistente costumbre, tan en boga, de etiquetar y clasificar autores, textos y planteamientos y “generacionarlos”. Lo que ocurre es que lo que surgió como una gracieta para echar unas risas entre amigos ha terminado encontrando mayor predicamento del que suponíamos porque una gran cantidad de autores afines encontraron en el puntito de mala leche que traslucía su manifiesto fundacional algo con lo que se encontraban identificados. Los autores fundacionales de la “Generación Torrezno” —y los que se han adscrito posteriormente— comulgan con el planteamiento de una literatura de sabor intenso, con contenido, con enjundia, con grasas saturadas y nutrientes. Una literatura que no te deje la impresión de quedarte vacío sino que te deje satisfecho cuando la degustas. De ahí el nombre de 'Generación Torrezno'. Pero en el fondo, no deja de ser una deliciosa coña marinera que ha terminado por trascender más de lo que esperábamos. Y nosotros, muy orgullosos de ello, oiga.

Salem, Tristante, De Paz y Biedma, durante la pasada Semana Negra de Gijón.
Eres uno de los autores habituales en la Semana Negra de Gijón. Aún no se sabe nada seguro sobre el futuro de esta cita después de la polémica del pasado año. Aunque no parece probable, ¿cómo valoras la posibilidad de que desaparezca?
Como un desastre sin paliativos. Estamos hablando del festival de novela negra con más raigambre de España y uno de los más reputados y reconocidos de mundo entero. No tenemos más que echar un vistazo al elenco de invitados de las últimas ediciones para comprobar la entidad y la solvencia de su propuesta, que se ha ido afianzando año tras año. Todos los festivales internacionales de novela negra surgidos en los últimos diez años han tenido en la Semana Negra de Gijón un punto de referencia y un espejo al que asomarse y en el que medirse. Todos han aspirado a ser Semana Negra. Y el que ésta desapareciese ahora, tras 24 años de trayectoria, y que además lo hiciese por cuestiones tan espurias como caprichos o cabezonadas de índole política me parecería hacer un flaquísimo favor a la cultura y a la literatura de este país, ya bastante vapuleada.
Antes de despedirnos, adelántanos algo sobre tu próximo libro.
Estoy terminando una novela con la que regreso a mis orígenes, una novela negra de estilo hardboiled más próxima a los cánones del genero que mis últimos trabajos. Una vez la concluya, mi siguiente proyecto será llevar a cabo algo que los lectores llevan pidiéndome desde hace un tiempo: recuperar a Miguel Cortés, el protagonista de El documento Saldaña, para acometer una nueva historia y meterle en más líos.