JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ | 13 DE DICIEMBRE DE 2011
Sin ellos, Rick Blaine no podría haber lamentado la maldita coincidencia que llevaría a Sam a tocar de nuevo As time goes by. Tampoco los hombres de Innisfree hubiesen tenido dónde reunirse para beber pintas y cantar The wild colonial boy a la salud del recién llegado Sean Thornton. ¿Y dónde habrían pasado la noche a la espera del amanecer los hermanos Gecko, junto a esa familia recién raptada? Por no hablar de la cantidad de conversaciones de Woody Allen a cuatro voces que se quedarían sin escenario. ¿Dónde habría empuñado Michael Corleone el revólver para matar a Sollozo y al capitán McCluskey, cambiando de este modo para siempre su destino? Por estos y miles de casos más, es inevitable preguntarse que sería del cine sin los bares, los cafés, los nightclubs, incluso sin las cantinas galácticas.
Cine y alcohol parecen ir inevitablemente ligados en muchas ocasiones, y por ello no serán pocos los que disfrutarán con el nuevo libro del granadino Jesús Lens Espinosa de los Monteros, Café-Bar Cinema, publicado por la editorial Almed. Lens es un enamorado del cine y disfruta afrontando proyectos de esfuerzo y larga distancia, no en vano es un deportista nato. Ya hace un par de años, junto a Francisco J. Ortiz, combinó su memoria cinéfila con otra de sus pasiones, los viajes, para escribir Hasta donde el cine nos lleve, un repaso detallado por el cine de viajes, con un poso histórico y sociológico sorprendente.

No obstante, la labor de búsqueda y análisis llevada a cabo para el nuevo libro parece aún más entregada. Un intenso recorrido por innumerables películas en las que el bar es algo más que un escenario anecdótico. El autor no se limita a citar títulos o situaciones, sino que consigue ir hilando la escena de una película con la de otra, acercándonos personajes, diálogos y anécdotas, logrando la hazaña de que ese aparente cajón desastre no sólo tenga sentido, sino que además resulte coherente y encantador.
Bien organizado e indexado, facilitando así una relectura selectiva, el libro de Jesús Lens es pura cinefilia –agitada, no mezclada-, plasmada sobre el papel con el talento y la pasión de quien ha aprendido a expresar en palabras lo que le transmiten los 24 fotogramas por segundo. Porque su narración, lejos del tono aséptico divulgativo que suele marcar muchas de estas obras, se decanta por un estilo cálido e informal, cercano a esa charla de café imprescindible tras salir de ver una película, y en la que al final, entre recuerdos de ésta y aquella escena, se acaba hablando sobre la propia vida. Y es que ya dijo Truffautt, don François, que "quien ama el cine, ama la vida”. En el caso de Jesús Lens es una verdad constatada. Y además, brinda por ello. Y nosotros con él.

PD: Por si tuviera poco encanto por sí mismo, el libro se abre, además, con un impagable prólogo firmado por Fernando Marías.