MAURO ENTRIALGO | 21 DE JUNIO DE 2011
Hace unos meses fuimos a París para visitar la extraordinaria exposición de Moebius. En la furgonetita compartida que nos llevaba al aeropuerto para coger el avión de vuelta a Madrid me tocó en el asiento central de la parte de atrás. Menos las lucecitas de los automóviles de la congestionada carretera, toda la escena era gris.