Elizabeth,
una vez más, dejaba un hombre para irse con otro. Era
el año 1964 y la actriz se dedicaba a pasear su amor
con el escandaloso y bebedor Richard Burton demostrando,
una vez más que “nunca se fue a la cama con un hombre
con el que no se casara antes o después”.
En Esquire quisieron abordar el tema con un enfoque
divertido… y diferente.
¿Cómo se podía seducir a la actriz?
Desde la revista se pusieron en contacto con Timothy
Galfas, un conocido director de cine de Hollywood que
también hacía anuncios para televisión y sesiones de
fotos y, para más inri, era amigo de la actriz. Su labor
consistía en convencer a la actriz para posar en la
portada de la revista revelando quién era su verdadero
amor… que no era otro que su hija Liza. Una manera muy
elegante de hacer un buen corte de mangas a toda la
prensa.
Con su seductor acento sureño, Galfas la convenció y
la fotografió exuberante. Este número invadió los quioscos
y se convirtió en un superventas. |