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Playlist: Cuando Esquire me habló de una ventana (y nada más)

DANIEL AVENIDA | 18/6/2017
Es grande, de unos dos metros por dos, y tiene un marco de aluminio que resulta de lo más normal. Tiene un tirador, pero no abre. La mitad izquierda está en la sombra; la derecha deja pasar el sol. La mesa sobre la que proyecta la luz presenta motas oscuras a causa de la suciedad que pinta el cristal. Son las 14:07. Estoy delante de una ventana, mirándola y hablando de ella. No ocurre nada.

Desde la parte superior cuelgan dos cortinas: una azul y una naranja. No llegan al suelo por dos centímetros. La segunda tapa un enchufe; la primera sólo descansa. El espacio entre ellas y el suelo deja ver un rodapié metálico. En realidad no es metálico, pero lo parece. Lo sé porque le he dado dos toques con el pie y luego con los nudillos de la mano derecha. Es de plástico. Seguro.

Ahora toco la madera que hay bajo el marco inferior. Está ardiendo. El termómetro de la calle marca 38 ºC. Me siento al lado del enchufe y froto la cortina entre el índice y el corazón, con movimientos regulares que producen un sonido como de insecto. Suelto la cortina.

Vuelvo a mirar las manchas negras que se proyectan sobre la mesa; casi han llegado al suelo, al lado derecho de la cama. Pronto atacarán las sábanas blancas, después la mesilla y por último el armario vacío. No hay persianas; no hay forma de pararlo.

Alguien tenía que contar todo esto.

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