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La entrevista analógica de Paco Loco (de Gijón a El Puerto de Santa María)

CARLOS H. VÁZQUEZ | 11/4/2017
En un país de porteras, es tradición hablar sin saber y juzgar según las pintas o la forma de ser. Es deporte nacional. Por eso espantan tanto los cambios y lo diferente, porque se está más pendiente del "qué dirán". Mientras tanto, en El Puerto de Santa María (Cádiz), Paco Loco produce el nuevo disco de Fernando Alfaro, ajenos, ambos, al "bla, bla, bla".

Dice Paco Loco (México, 1963) que empezó con Loco. Cómo no llevar un estudio de grabación (Hurtado & Ortega, 2016) porque tuvo la idea de hacer un blog sobre el sonido, las producciones… En realidad, el músico y productor quería transmitir todo lo que sabía, pero la editorial Hurtado & Ortega vio que ahí había un libro. ¡Y qué acierto! La obra se divide en tres partes (Producción, Grabaciones y Cacharros), cuenta con las vivencias de varios de los protagonistas (Nacho Vegas, Mikel Erentxun, Muni Camón…) y desgrana, en una suerte de catálogo, todos los cachivaches que tiene en su estudio. Para conocer un disco hay que escuchar su música, pero para conocer la música que suena se debe entender al productor.

¿Eres más impulsivo que intuitivo?

Sí, yo creo que sí (risas). Soy muy impulsivo.

¿Por algún motivo?

Porque soy muy impaciente. Pero en mi trabajo soy bastante paciente, ¿eh?, que es una cosa que a mi mujer [Muni Camón, componente de Maddening Flames] le extraña bastante. De todas formas, esta impaciencia mía se demuestra porque no me gusta mucho esperar.

Te casaste con Muni... ¿a los tres meses de conocerla?

Exacto. Nos conocimos en marzo, a finales. Empezamos a salir en julio y en agosto nos casamos.

"Me gusta hacer discos rápidos porque así tengo una disculpa cuando no me gustan", has dicho.

Claro (risas). Cuando uno tiene mucho tiempo para hacer cosas y al final no le salen, en esos casos la culpa es de uno mismo, ¿no? Pero cuando tienes que hacer las cosas deprisa, una de las disculpas puede ser que se hizo rápido (risas).

El máximo que te pones para trabajar en el estudio son doce horas. ¿No hay cosas que al final acaban saliendo mal por estar tanto tiempo en el estudio? Por pura matemática, vaya.

Bueno, las cosas salen mal porque algunas veces no se toman las decisiones adecuadas y porque, generalmente, te has equivocado en algo. Yo siempre pienso que, cuando las cosas salen mal, es por fallo mío y no por fallo de los demás (bajo mi punto de vista). A veces no se toman las decisiones adecuadas, como te digo, pero también puede ser, simplemente, porque uno no da para más.

Por eso te decía, porque en algún momento se te acabarán las ideas.

Eso es algo que me ha preocupado bastante, desde siempre (más o menos). Pero está clarísimo que uno tiende a repetirse, sobre todo si tiene una idea que repite unas cuantas veces. Lo que sería estúpido es pensar que tengo una idea nueva para cada grupo que grabo, ¿no? Hay fórmulas que se repiten un poco y ya está, es lo que pasa.

¿Una grabación, en tu caso, depende más del tiempo que del dinero?

Bueno, es que el tiempo y el dinero van bastante unidos. Tú puedes tener una muy buena grabación hecha en uno o dos días o puedes tener una grabación muy buena hecha en mucho tiempo. Lo que está claro es que si hay más tiempo para grabar, tienes, primero, la opción de trabajar más relajado. Y también tienes la opción de mirar un poco hacia atrás para pensar en qué te has equivocado (y poder volver a hacerlo) y más tiempo para probar otras cosas, aunque no se pueda finalmente. Yo creo que hay muy buenas grabaciones hechas en muy poco tiempo, malas grabaciones hechas en muy poco tiempo, muy buenas en mucho tiempo y malas en mucho tiempo. Pero es verdad que, a uno, cuando está grabando, le gusta disponer siempre de un poco más de tiempo, aunque tampoco sea mucho más.

Has dicho que si el disco sale mal es por ti. De ser así, ¿dejas que salga con ese error? Igual es algo que no ve la gente o el grupo, pero tú sí.

Sí, bueno… Yo trabajo para la gente, y si a la gente le gusta lo que está hecho –aunque a mí no me guste-, yo apoyo a la gente. Mi ego, en ese sentido, no está muy desarrollado. Si hay cosas que a la gente no le gusta pero en mi cabeza están bien, creo que la última palabra la tendrán ellos.

Sobre El tiempo de las cerezas (disco entre Enrique Bunbury y Nacho Vegas), Enrique dijo que ese álbum tenía que haber sido único y no doble. Entiendo que aquello fue una decisión de los compositores y no del productor, que en este caso fuiste tú.

Aquel disco fue un poco extraño porque, en realidad, iban a ser tres personas [el tercero era el músico barcelonés Carlos Ann], pero al final… Yo creo que les hacía la ilusión lo del disco doble. De repente, en un gabinete de crisis, decidieron hacer más canciones y recuperar alguna más para acabar el disco doble. A mí me pareció bien porque era una ocasión única para un disco que sólo se iba a hacer una vez, así que… bueno, hay canciones mejores y peores, pero ahí están todas. Al final, creo que son como diez temas de cada uno, ¿no?

Sí, aunque hay un tema (Días extraños) que tiene dos versiones.

Sí. Eso fue idea mía. Les dije que si estaban haciendo un disco compacto, iba a ser un poco tonto que no cantaran una canción de uno y una canción de otro. Más o menos lo hicieron así, pero tampoco me hagas mucho caso.

Como productor, ¿hay que conocer los límites de cada uno? Ya no me refiero a los tuyos, sino a los de los músicos.

Por supuesto, hay que conocerlos a tope. En eso, creo, soy bastante bueno, pero a veces he metido la pata y he dicho cosas que no tenía que haber dicho y ha ocurrido algún pequeño drama, porque no sabía hasta dónde podían llegar. Por eso es muy importante saber qué puedes decir, cuándo lo puedes decir y en qué momento lo puedes decir.

¿Te ha tocado hacer de psicólogo además de productor?

Sí, sí. Es saber estudiar a las personas cuando llegan. Y cuando estás comiendo con ellos, saber a quién le puedes decir las cosas, a quién no se las puedes decir, a quién se las tienes que decir de una forma, quién va a ser un poco más débil en la grabación… Bueno, hay que intentar, en ese momento, sacar lo máximo de cada uno.

Un artista importante coge entre veinticinco y treinta días en tu estudio, mientras que los pequeños, de normal, toman siete días. ¿Es tiempo suficiente para conocer, psicológicamente hablando, a cada componente del grupo?

Sí. Date cuenta de que yo, con ellos, no solamente comparto la grabación, sino que también comparto la comida, el desayuno y la cena. Entonces, al final, no son doce horas, sino que son catorce o quince horas todos los días. Y hombre, cuando estás con una persona quince horas… empiezas a saber un poco cómo es.

Supongo que cuando te diriges, por ejemplo, más al guitarrista que al cantante, éste último coge celos y se le infla el ego.

El tema de los egos en los grupos es lo más complicado, pero también es verdad que, de alguna manera, mi trabajo está más dedicado a grupos que no viven literalmente de la música. Es como un "hobby profesional", como digo yo, porque la gente es muy profesional aunque su modus vivendi sea otro. Creo que el rollo del ego se vive de otra manera cuando no se trata de un grupo que vive de la música y está de entrevistas; la gente tiene otro tipo de vista y visión de grupo, por lo que yo creo que es diferente. En ese sentido no he tenido este tipo de problemas, porque cuando grabo a grupos de esa índole ellos son más profesionales y quieren vivir de la música. Y, por otro lado, tuve la suerte de trabajar con solistas que son muy poco estrellas.

Pero entiendo que la profesionalidad no depende tanto del ego…

Sí, pero cuando tú eres un poco joven y empiezas a tener éxito y la gente empieza a hablar de ti, el ego empieza a engordar un poco. De hecho, creo que los grupos, cuando empiezan, generalmente no tienen ego, pero cuando la gente empieza a decirte lo bueno que eres y no sé qué más, ese ego empieza a aflorar. Evidentemente, hay gente muy buena con mucho ego y gente mala con mucho ego también. Eso está claro.

La gente que va a grabar en tu estudio y trabaja con el equipo que tienes, ¿se siente como parte de la historia? Te lo digo por las mesas, micros clásicos…

Hombre, a mí me gusta recordar los discos por cómo se grababan cuando yo era joven y veía cómo se hacían. También es por cómo entiendo yo la época más dorada de la historia de la grabación (grandes estudios con muchos micros, mesas de mezclas, grabadores…). En ese sentido, a mí me gusta que la gente tenga la sensación de estar haciendo ahora un disco pero como se hacía antes. De otra manera, es más fácil hacer los discos como se hacen ahora, que generalmente son con ordenadores, con pocos micros, con previos externos… La cosa es que tengan esa sensación y ese sentido de cómo se grababan los discos antes.

¿Lo raro de la época sería lo clásico de ahora?

Yo creo que es al revés. Diría que lo normal de la época es lo raro de ahora. Un grabador que era normal, la gente, cuando lo ve, pregunta "¿eso qué es?" o si todavía se graba con eso. He tenido gente muy joven que no sabía lo que era RCA (Radio Corporación of America). Con eso te digo todo. Llevaba una cazadora que me regalaron cuando estuvimos en RCA y me preguntaron qué era lo que ponía detrás. Ahí pensé que ya me estaba haciendo mayor (risas).

¿Y te has vuelto más autoritario con el tiempo?

No me he vuelto autoritario. Hace un tiempo, estuve haciendo un disco que mezcló otra persona con la cual yo tenía (y tengo) muy buena relación, pero…

¿Por qué lo mezcló otra persona?

Bueno… por circunstancias. Cuando estábamos mezclando, siempre que le pedíamos que subiera una guitarra para estar un poco más fuerte, por ejemplo, siempre ponía como mala cara. Pensé que si alguien me veía como yo estaba viendo a esa persona, me retiraba. Desde aquel momento dije que jamás iba a poner una mala cara ni nada, porque no quería que me vieran como una persona autoritaria. Lo que sí hago es una labor de negociar. Cuando algo no me gusta, evidentemente no digo lo que tiene que ser, pero negocio con el grupo y empiezo a hacer una labor de minación y una labor de intentar destruir su idea a favor mía.

¿Es por eso por lo que las multinacionales no quieren trabajar contigo?

Pues la verdad, no sé por qué es (risas). En los cerca de ochocientos o novecientos discos que he grabado, no exagero nada si te digo que diez de ellos son de multinacionales. ¡Igual estoy exagerando! Así, que me acuerde yo… Mira: Los dos de Mikel Erentxun (Corazones –nominado al Grammy Latino- y El hombre sin sombra, de Warner), los de Los Hermanos Dalton (Vitamina D…, con DRO), los de Australian Blonde (Australian Blonde…, con BMG), el de Nacho y Enrique (El tiempo de las cerezas, de EMI), uno que hice una vez para Sony… Y lo mismo me olvido de alguno más, pero ahí está. Lo gracioso es que, cuando hice los discos de Mikel, en ningún momento hablé con la multinacional (hablaba con Mikel). Creo que, al final, la gente piensa que soy una especie de bicho raro, un poco friki. Pero no un bicho raro en la forma de grabar, sino como persona, outsider totalmente. Como que no soy serio, ¿sabes? Te pongo una anécdota bastante significativa: Me levanto todos los días a las siete de la mañana, y aunque esté doce horas con el grupo, trabajo de ocho de la mañana a diez de la noche. Te puedo asegurar que me tomo la música muy en serio, pero es "sabido" que yo estoy todo el día por el suelo y que mi raja del culo está bastante vista por todos mis clientes [dice con ironía]. Pues hace unos años, cuando los de los Premios de la Música Independiente me dieron el premio como Productor del Año, al recogerlo enseñé la raja del culo [N. del R.: Paco Loco suele llevar pantalones holgados, sin cinturón]. Entonces, los de la Unión Fonográfica Independiente dijeron que eso era inadmisible y que a gente como a mí no se me podía dar un premio. Eso te demuestra un poco lo que estamos hablando.

Hombre, ahí nos preguntaríamos quiénes son los raros, si ellos o tú.

Yo ya te digo que raro no soy. Soy una persona que trabaja; al terminar estoy con mi mujer, veo un poco la televisión y después me voy a la cama porque al día siguiente trabajo. Ni salgo ni nada de eso, pero como la normalidad extrema se convierte en rareza, entonces sí: igual el raro soy yo.

¿La rareza (o la locura) es una superstición social?

El problema es que yo, en ningún momento, me encuentro raro o siento que esté loco. Lo que opino es eso: Cuando una persona es excesivamente normal, se convierte en rara y en lo que dices tú: en una superstición social.

¿La carencia o falta de medios hace que el ingenio se agudice? Y más en tu caso, porque cogiste un local para componer y al final acabaste montando un estudio para grabar a otras bandas. Además, eres autodidacta. Eso choca, imagino.

Hay una cosa curiosa que me dijo un directivo de RCA hace tiempo, cuando hacía los discos de Australian Blonde: "El problema que tienes tú es que grabas a demasiada gente". Se suponía que la gente no me tomaba en serio porque grababa a grupos que no eran demasiado buenos. Eso me dolió bastante, así que le dije: "Es que, cuando tú me traes un grupo que no es demasiado bueno, ¿qué le digo? ¿Que no?". Hay grupos buenos y malos. Y, aparte, una de las cosas que más me gusta de mi trabajo es coger grupos que no conoce nadie, que de repente se los conozca y que giren por España. Prefiero grupos que están empezando a grupos que estén consagrados.

Y si los grupos crecen, siguen contigo. Ahí están los ejemplos de Triángulo de Amor Bizarro, Nacho Vegas, Bigott…

Sí. En concreto, con Triángulo, hice un disco con ellos (Año Santo), pero ninguno más. Con Bigott hice muchos y con Nacho también hice muchos. Es verdad que cuando grabé a Bigott no lo conocía nadie o muy poca gente, pero de repente se convirtió en un músico muy conocido. Pero igual que te hablo de Bigott te hablo de Triángulo de Amor Bizarro, de Nacho Vegas y de una cuanta gente más.

¿Sigues trabajando con QBase?

Sigo trabajando con QBase, sí. ¿Ves? Otra cosa rara. Pero no te creas que los grupos lo ven como algo raro, porque los que yo grabo, generalmente, suelen tener QBase en su casa y no ProTools. En ese sentido, de nuevo estoy más cerca de los grupos que grabo que de otro tipo de gente. Cuando es gente más profesional o así, sí suelen tener ese tipo de cosas. Mikel, por ejemplo, no trabaja en QBase, sino que en su casa hace las demos con Logic. Cuando viene alguien profesional y me pregunta por qué trabajo con QBase yo le digo que por qué él sigue trabajando con ProTools.

¿Cuándo descubriste el omnichord? Durante un tiempo, entre 2005 y 2007, este instrumento estaba en la mayoría de discos que producías (aparece entre las canciones Días extraños y Puta desagradecida, de El tiempo de las cerezas).

Pues mira, ayer terminé un disco de Fernando Alfaro que precisamente va a ser entre multinacional e independiente, y la última canción que mezclamos también lleva omnichord. Curiosamente, la primera vez que usé el omnichord fue en esa canción que me dices de Enrique y Nacho [se refiere al final de Días extraños]. El omnichord lo descubrí grabando a los Golden Smog de Gary Louris (The Jayhawks), que es amigo mío. Se trajeron el omnichord, me quedé flipado y él me lo regaló. Creo que fui de los primeros en tener uno y en tocarlo en directo. La gente flipaba, aunque luego se hizo bastante popular, la verdad.

Para un productor, ¿es más importante escuchar que oír?

Yo creo que tienes que hacer las dos cosas por igual: escuchar la música y oír al músico. El músico es el que tiene la palabra. En mi caso, es lo que más respeto, aunque a veces no me guste lo que esté haciendo. Pero si él está contento, yo estoy contento; pero si no está contento yo tampoco estaré contento, por mucho que me guste.


FOTO: THOMAS CANET
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